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Posts etiquetados ‘pintura francesa’

“Soñé que era una mariposa. Volaba en el jardín de rama en rama. Sólo tenía conciencia de mi existencia de mariposa y no la tenía de mi personalidad de hombre. Desperté. Y ahora no sé si soñaba que era una mariposa o si soy una mariposa que sueña que es Chuang-tse“.

Chuang-tse -Sueño y realidad.- (autor chino.-siglo lV antes de Cristo)

(Imágenes:- 1.- Odilon Redon.- mariposas.-1913.-bellswithin/ 2.-mariposas.- Gordon Beningfield.–Burlington Paintings.- Londres)

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“¡Oh sol de los insomnes! ¡ Melancólica estrella

de luz atormentada, lejana y temblorosa,

encendida en la noche, callada e invencible

como un recuerdo suave, clavado en la memoria!

Así brilla el pasado, aurora de otros días;

brillo exento de fuego, ceniciento fulgor;

rayo en la oscura noche, crepuscular tristeza

remota. tibia y clara, de frío resplandor…”

Lord Byron

(Imágenes:- 1.“L `Ombrelle Rouge”.-1905-Max Svabinsky.- / 2.” La costa salvaje de Belle-Ile”.–Claude Monet.- 1886.-Musée d`Orsay)

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“Estás ante mí en un vaso, agüita,

y me miras con los ojos que han salido

del grifo, rodeada por una prisión

tan transparente como tú.

Tú sabes que soy tu futuro: un embudo,

un poste animado y represento el fin

de la perspectiva: que te aguardan las hebras,

la penumbra de las entrañas y las arterias.

Pero no te preocupa. En general las prisiones

ofrecen más variantes para las substancias

sin hogar que la libertad, tanto peor

si es absoluta.

Tienes completa razón si crees

poder vivir sin mí. Pero recuerda que

mientras más tiempo yo exista, más tarde

te convertirás en la lluvia que lava el asfalto”.

Joseph Brodsky.-”El vaso de agua“.-1995

(Imágenes:-1- Hydrangea.-Barón Adolf de Meyer.-1907./ 2.-Valentine Rekunenko.-sizinicinsanat.realcollection. org)

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La paleta de Monet se componía de blanco de cerusita, amarillo de cadmio (claro, oscuro y limón), amarillo limón de ultramar, bermellón, violeta de cobalto (claro), ultramar superfluo y verde esmeralda. Así quedó reseñado en el “Bulletin de la vie artistique” del 15 de julio de 1923. Pero la paleta  de Monet, cuando ahora se camina por los jardines de Giverny, parece quedar diluida dando paso a cuantos colores de la belleza el pintor señala. “Cuando salgas a pintar – aconsejaba-, trata de olvidar los objetos que tienes ante ti, un árbol, una casa, un campo, o lo que sea. Piensa solamente: he aquí un cuadradito azul, un óvalo rosa, una franja amarilla, y píntalos tal como los ves, con el color y la forma exactas, hasta que obtengas tu propia e ingenua impresión de la escena que tienes delante”.

Así, desde la mesa de comedor de hoy en Giverny, parece que los viejos tiempos nos hablaran. Recuerda Sue Roe, varias veces citada en Mi Siglo al comentar la vida privada de los impresionistas, que a la casa se llegaba por un sendero bordeado de pinos y abrigado por enrejados cubiertos de rosas. El jardín, un espacio vasto y escondido, estaba parcialmente adornado de boj. Había dos parterres yertos que discurrían en paralelo a un amplio camino bordeado de cipreses (…) Monet y Alice quitaron inmediatamente el boj, que no les gustaba a ninguno de los dos, e iniciaron una discusión, que duraría dos décadas, sobre los cipreses”.

“Pronto Monet - sigue evocando Roe -empezó a ser admirado en Giverny. Los lugareños lo observaban mientras iba por el pueblo impartiendo órdenes con su voz clara y metálica (…) Monet mandó contruir una nave junto al río para que albergase sus barcas y almacenara sus caballetes y lienzos”.

“Entretanto, metió la pinturas en el granero y amarró las barcas en una islita cercana, donde el Epte se une al Sena. Ayudado de sus dos hijos pequeños, ataba las barcas a los espesos troncos de los sauces ribereños y todos juntos volvían a la casa al atardecer, con sonido de los barcos de vapor que remolcaban las gabarras por el Sena.

“Me gusta ver a este hombre - dice Octave Mirbeau enClaude Monet y Giverny” (Centellas) – en el intervalo de sus trabajos, en mangas de camisa, con las manos negras de mantillo, el rostro tostado por el sol, feliz de sembrar semillas, en su jardín siempre resplandeciente de flores, sobre el fondo risueño y discreto de su pequeña casa revestida de mortero rosa”.

Y luego, sentado ya en el jardín con su sombrero blanco, dejaba venir poco a poco sus recuerdos ante Thiébault- Sisson en una de las escasas entrevistas que concedió en su vida: “No volví a ver a Manet  – evocaba- hasta 1869, pero fue para entrar en su intimidad enseguida. Ya en el primer encuentro me invitó a ir a verle todos los días a un café de Batignolles donde sus amigos y él se reunían para conversar al salir del taller. Allí encontré a Fantin-Latour y Cézanne, Degas, que llegó poco después de Italia, el crítico de arte Duranty, Émile Zola, que debutaba entonces en las letras, y otros más. Yo mismo llevé a Sisley, Bazille y Renoir.  No había nada más interesante que esas tertulias, con su choque de opiniones perpetuo. Se estaba allí con la inteligencia en vilo, nos animábamos mutuamente a la búsqueda desinteresada y sincera, y uno acumulaba provisiones de entusiasmo que, durante semanas y semanas, le sostenían hasta que conseguía dar forma definitiva a la idea”.

Lejos, esperaba la casa de Giverny a que los recuerdos volvieran.

(Imágenes:-1.- Claude Monet.-Nympheas,.1915/ 2.- comedor en casa de Monet en Giverny.-Fondation Claude Monet/ 3.- jardines de Giverny.-Fondation Claude Monet/ 4.- taller de Monet en Giverny.-Fonfation Claude Monet/ 5.- jardines de Giverny.-Fondation Claude Monet/ 6.- Claude Monet en su jardín de Giverny.-1915.-por Sacha Guitry.-chagalov/ 7.- casa de Monet en Giverny.-Fondation Claude Monet)

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En cuanto empiezo a escribir - dice Paul Auster -, ya no existe más que el trabajo. El entorno desaparece. Carece de importancia. El lugar en el que estoy es el cuaderno. El cuaderno es la habitación. Esto es la casa del cuaderno“. En Mi Siglo he hablado alguna vez de estos refugios de artistas que son las casas de los cuadernos, pasillos por donde van y vienen los personajes y por donde nosotros nos cruzamos con ellos, casas y libros con sorprendente dureza interior, unión de artesanías, de inspiración y de esfuerzo.

Italo Calvino, en “Si una noche de invierno un viajero“, cierra bien la puerta de esa casa del libro que estamos leyendo, la habitación de la lectura, “adopta la postura más cómoda – recomienda a cada uno -: sentado, tumbado, ovillado, acostado. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamaca, si tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama“. Lo importante es leer, lo importante es escribir. El escritor lo hace en la casa de su cuaderno y el lector abre a la vez las hojas de las puertas de su casa, que son las páginas, y entra en las estancias que el escritor le muestra.

Y paralelamente a esas casas personales, llenas de concentración y de intimidad, se elevan en muchos libros las casas literarias, obsesiones y persecuciones en la mente del escritor. Varias podríamos citar: “La casa” , de Mujica Láinez, por ejemplo, o “Casa de campo” de Donoso, tan ferviente enamorado de casas muy distintas a lo largo de sus desplazamientos continuos. Pero quizá queden en la memoria dos más relevantes: la que describe Carlo Emilio Gadda en 1957, en “El zafarrancho aquel de via Merulana” (Seix Barral), calle y casa plena de dialectos, universo de personajes múltiples, arquitectura novelística que se aparta de caminos conocidos, y “La vida instrucciones de uso””  (Anagrama), de Georges Perec, la casa parisina de la calle Simon-Crubellier con sus noventa y nueve piezas de puzzle, en donde el escritor “imagina un inmueble en el que se ha quitado la fachada… de modo que, desde la planta baja a la buhardilla, todos los aposentos que se hallan en la parte anterior del edificio sean inmediata y simultáneamente visibles”, como así lo comenta Perec en “Espèces d`espaces(Galilée)

“Poco antes de que surjan del suelo aquellos bloques de vidrio, acero y hormigón – escribe Perec en esta novela -, habrá el largo palabreo de las ventas y los traspasos, las indemnizaciones, las permutas, los realojamientos, las expulsiones. Uno tras otro se cerrarán los comercios, sin tener sucesores, una tras otra se tapiarán las ventanas de los pisos desocupados y se hundirá su suelo para desanimar a squatters y vagabundos. La calle no será más que una sucesión de fachadas ciegas – ventanas semejantes a ojos sin pensamiento -, que alternarán con vallas manchadas de carteles desgarrados y graffiti nostálgicos.

¿Quién. ante una casa de pisos parisién, no ha pensado munca que era indestructible? Puede hundirla una bomba, un incendio, un terremoto, pero ¿si no? Una ciudad, una calle o una casa comparadas con un individuo, una familia o hasta una dinastía, parecen inalterables, inasequibles para el tiempo o los accidentes de la vida humana, hasta tal punto que creemos poder confrontar y oponer la fragilidad de nuestra condición a la invulnerabilidad de la piedra”.

Especies de espacios, en la casa de la lectura siempre hay un lector junto a la lámpara leyendo un libro y en la casa de la escritura – junto a la lámpara – siempre hay un escritor que está escribiendo un libro para la casa de la lectura.

(Imágenes: 1.-Alexandre Rabine.-1989.-Mimi Fertz  Gallery.-arnet/ 2.-Gerhard Richter.-1994.-Overpainted photographs/ 3.-La soledad-1898.- Albert Lorieux.- Peter Nahum.-Leicester galleries)

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Nada en la vida se repite de modo idéntico. Cuando la vida se repite, es la muerte“, dice Bonnard.

Sus cartas podemos leerlas sobre el cristal de la pantalla, escritura sobre pintura, teclas sobre lápices, yemas de los dedos sobre telas, desahogos y confesiones.

El trabajo es absolutamente necesario para conservar el cerebro casi intacto. Me intereso mucho en el dibujo en el cual creo que existen leyes de armonía igual que en el color“.

Cartas y apuntes de Bonnard.

Pinceles. Colores.

La eternidad no consiste en una duración indefinida”, añade-. “La obra de arte es una parada en el tiempo“.

Colores.

Pinceles.

Yo veo cada día cosas diferentes. El cielo, los objetos: uno puede ahogarse allá dentro. Pero esto hace vivir“.

Vivir como si uno no fuera nunca a morir, como si fuera el último día“.

Escrituras sobre la pantalla, dedos sobre la tela, confidencias rasgadas, corazón en la pluma.

Dar una imagen a una emoción primera, tal es el objetivo primero de la pintura“.

“Visión de belleza o lo que es lo mismo, la idea primera. Estar seducido por una percepción“.

Hasta hoy – dirá en 1940 – he encontrado muchas energías en la Naturaleza. Esto escapa a cualquier cataclismo. Tengo un trabajo que me apasiona”.

Así escribe Bonnard.

(Imágenes.-1.-femme a la voilette.-Christies.com/ 2.-El Abra.-wakeupsid.com)

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“La paleta de Renoir estaba limpia “como una tacita de plata” – recuerda uno de sus hijos y de él he hablado ya en Mi Siglo.” Era una paleta cuadrada – evocaba Jean, el gran director de cine – que encajaba en la tapa de la caja, que tenía la misma forma. En una de las salserillas dobles ponía el aceite de linaza solo, en la otra una mezcla de aceite de linaza y de esencia de trementina, a partes iguales. En una mesa baja, al lado del caballete, había un vaso lleno de esencia de trementina en el que enjuagaba el pincel casi después de cada aplicación de color. En la caja y encima de la mesa había unos cuantos pinceles de recambio. Sólo usaba dos o tres a la vez. En cuanto empezaban a estar muy gastados, o chorreaban, o por la razón que fuere, no le permitían ya un toque de precisión absoluta los tiraba. Exigía que se destruyesen los pinceles viejos, por si se volvía a topar con alguno mientras trabajaba”. Y ahora, al acercarnos a estos cuadros que se exponen actualmente en el Prado, esa paleta limpia de Renoir nos sigue revelando confidencias. “Sitúo mi tema como quiero - le decía a Walter Pach en 1908 -, después me pongo a pintar, como haría un niño. Quiero que un rojo sea sonoro y resuene como una campana; si no, voy añadiendo rojos y otros colores hasta conseguirlo. Esos son todos mis trucos. No tengo reglas ni métodos; quien quiera puede examinar lo que uso o mirar como pinto – verá que no hay secretos (…) ¿Quiere usted que le diga cuáles son para mí las dos cualidades del arte? Tiene que ser  indescriptible e inimitable…La obra de arte tiene que apoderarse de uno, envolverle, transportable. Así el artista puede expresar su pasión; la corriente que emana de él es lo que transporta a su pasión”.

Paleta y vida en Renoir, también paleta y decrepitud, también paleta y enfermedad.  En 1912, tres años después de la conversación con Pach, cuando la salud del artista estaba empeorando y llevaba dos años sin ponerse en pie, se encontraba como siempre sentado ante el caballete y preparándose para empezar a pintar. “Tenía la paleta bien limpia en las rodillas – cuenta nuevamente su hijo Jean -. El médico alzó a mi padre del sillón. Volvía a ver las cosas desde el ángulo de una persona que tiene los ojos al mismo nivel que los demás hombres. Y miraba a su alrededor con gran satisfacción. El médico lo soltó. Mi padre, dependiendo ahora sólo de sus fuerzas, no se cayó. (…) Entonces el médico ordenó a mi padre que anduviese. (….) Mi padre dio otro paso, y luego otro; y parecía que iba quebrando los hilos del destino. (…) Mi padre dio la vuelta al caballete y regresó a su silla de inválido. Aún de pie, le dijo al médico: “Renuncio. Me exige toda mi voluntad y ya no me quedaría voluntad para pintar. La verdad es que – e hizo un guiño malicioso – si tengo que escoger entre andar y pintar, prefiero pintar“. Volvió a sentarse y nunca más se levantó”.

Si esto lo evoca Jean en “Renoir, mi padre(Alba),  Ambroise Vollard por su parte escucha las confidencias del artista recordando que ” no pensaba más que en su pintura y había acabado resignándose a sus manos que se cerraban, a sus piernas que se agarrotaban un poco más cada día. “¡ A fin de cuentas- decía el pintor -. soy un hombre con suerte!”. “Débil y viejo ya – resume Perruchot al hablar de su vida -, lejos de de corromper y destruir su genio de artista, de reducirlo a la suerte común, a la inercia de la decrepitud, le ha permitido un supremo avance en el corazón de la realidad”.

“Blanco de plata, amarillo de cromo, amarillo de Nápoles – describía el propio Renoir la composición de su paleta -, ocre amarillo, tierra de Siena natural, bermellón, laca de granza, verde veronese, verde esmeralda, azul de cobalto, azul ultramar, cuchilla de paleta, rascador, esencia de trementina, lo preciso para pintar. El ocre amarillo, el amarillo de Nápoles y la tierra de Siena no son sino tonos intermedios de los que se puede prescindir puesto que se pueden hacer con los otros colores. Pinceles de marta, brochas planas de seda”.

(Pequeña evocación al inaugurarse en Madrid la exposición “Pasión por Renoir)

(Imágenes:-1.-autorretrato.-1899/ 2.-Pére Fournaise fumando en pipa.-1875.- Williamstrown Sterling and Francine Clark Institute/ 3.-En el concierto.-188o.-Wililamstown, Sterling and Francine Clark Art Institute)

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La luz, el amarillo, el rojo, el azul, las ruedas, los cuadrados, las casas, el naranja, el púrpura, el verde, todo eso mostraban las series de la Torre Eiffel que Robert Delaunay ofrecía, ahora hace un siglo, de la ciudad de París.

Sombras, nubes, un tono de ceniza, volutas plateadas de atmósfera envolvente… La Torre Eiffel continuaba enseñando en el pincel de Delaunay secretos y sorpresas. El arte de descomponer y recomponer la realidad: bidimensionalismo, compenetración de planos, simultaneismo de visión, color local, decía Germain BazinParís siempre sedujo con sus fotografías,  de las que hablé ya en Mi Siglo.  Comenté también en otra ocasión y de otra forma la ciudad y  su paso en el tiempo. Ahora, aquella Torre parisina trazada sobre lienzos entre 1910 y 1912, vuelve a mirar con ojo cubista la gran capital intentando ofrecer la modernidad y vitalidad de un momento, la tensión, la rapidez, la complejidad de una época, tal como deseaba el pintor.

Son volúmenes aplanados, pequeños cubos salpicando la parte superior del lienzo, la ciudad adivinada, el Sena a la izquierda, fugitivo.

Cuando en 1913 Sonia Delaunay se inspira en un motivo de baile para mostrar remolinos de arcos amarillos, naranjas, azules y verdes en diversas abstracciones geométricas, también ofrece de algún modo París al fondo de los contrastes simultáneos, de cuantos movimientos refleja la pintura.

Años antes, en 1902, podía darse uno un paseo por el azul. Era el atardecer de Notre- Dame, siguiendo el pincel de Matisse, acompañando a  personas solitarias.

Pero pronto nos sorprenderían de nuevo los cubos y los planos de la Torre Eiffel en sus distintas versiones. Es siempre la misma Torre pero observada desde infinidad de ventanas, ventanas como ojos, ventanas creadoras, ventanas plásticas.

(Imágenes:-1.-Robert Delaunay.-Torre Eiffel/2.- Delaunay.- Torre Eiffel.-1910/3.-Delaunay.-La ciudad de París.-1912.-flickr/4.-Sonia Delaunay.-Le Bal Bullier.-1913/5.-Matisse.-Notre -Dame en el atardecer.-1902/6.-Delaunay-Torre Eiffel)

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“Recibir una carta cuando se espera la llegada de una mujer

una carta de mujer

de mujer nacida de poema

abrir la carta como quien despega un deseo

leer la carta como se recita un universo

besar la carta como se busca el color de un poema

plegar la carta en la cartera como se prohija una rima

quemar el sobre de la carta como se viaja al interior de África

archivar la carta con otras cartas como a la enferma con otras enfermas

acordarse de la carta cuando se duda de la selva

olvidarse de la carta como cuando se nos muere una época

y de otra mujer olvidada nos nace el salvador poema”.

Gerardo Diego.- “Recibir una carta

(Imagen:- Pierre Bonnard.- “La carta“.-1906.-National Gallery of Art Whashington)

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La rosa es sin porqué, leemos en el libro primero del Cherubinischer Wandersmann de Silesius. Yo afirmo lo contrario, yo afirmo que es imprescindible una tenaz conspiración de porqués para que la rosa sea rosa. Creo que siempre pasan de una las causas de la instantánea gloria o del inmediato fiasco de un verso”.

Jorge Luis Borges

(Imágenes:.-1.- Henri Fantin - Latour, 1900/ 2.-perrhyillnurseries.co)

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Madrid es una ciudad agradable, llena de distracciones. -le escribía Edouard Manet a su amigo Henri Fantin-Latour en mayo de 1865 -El Prado, un paseo delicioso, con muchas mujeres hermosas con mantilla, cosa que constituye un espectáculo originalísimo“.

Ahora, en ese mismo madrileño paseo del Prado, en el Museo Thyssen-Bornemisza, casi ciento cincuenta años después, aparecen las flores de Fantin-Latour, flores traídas del Museo de Grenoble, de Lisboa, de Lille, de Londres. Naturalezas muertas con sus colores vivos, grupos de flores abiertos al color.Fantin-Latour.-FF.-White and Pink Mallows in a Vase.-1895Fantin-Latour.-HH.-Petunias.-1881.-State Hermitage Museum

FANTIN-LATOUR.-WRT.-Rosas.-1928.-Museum Syindicate

Estas flores iban por los campos, por las memorias, por la visión del pintor, y como en toda naturaleza muerta la vida de la flor está aquí parada en un instante, detenida en un instante perpetuo. La vanidad de los pétalos, el movimiento de los tallos, los vaivenes del aire suavizando el pincel antes de que se depositen  las flores en un jarrón, quedan quietos para siempre ante la mirada móvil, los ojos que giran sobre los matices, las pupilas que rozan a Fantin-Latour.

HENRI FANTIN-LATOUR.-Rincón de una mesa.-Verlaiine y Rimbaaud.-Paris.-

Y luego están las naturalezas muertas de los retratos vivos, el rincón de una mesa de poesía y alcohol, paraísos artificiales, iluminaciones, Rimbaud, Verlaine, una temporada en el infierno, poemas saturnianos, poetas malditos, palabras, palabras retenidas, Fantin-Latour detiene – como ha hecho con las flores -la fugacidad de las vidas, hace girar las existencias y las fija en el tiempo cero de la pintura, allí donde el ojo que venía de contemplar antes las flores contempla ahora esta naturaleza muerta de los que vivieron.

(Imágenes:-1,2 y 3: Fantin-Latour.-flores 1886,1895/4.- Fantin- Latour: “Un rincón de mesa” (entre otros, sentados, Verlaine y Rimbaud).-1872.-Músee d´Orsay)

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MATISSE.-FRFR.-Interior con violín,.1919.

Descubrí el color – decía Matisseno en la obra de otros pintores sino en la manera en que se revela la luz en la naturaleza. Me obsesioné con la pintura y ya no pude dejarla“.

En estos días en que Matisse inaugura una exposición en el Museo Thyssen de Madrid que durará hasta el mes de septiembre, sus palabras tras los lienzos nos recuerdan vicisitudes de su vida, salud y enfermedad enlazadas. Enfermo de apendicitis primero y con complicaciones posteriores, Matisse pasó luego a sufrir otra dolencia que le condujo a un cambio profundo del estilo de su pintura: de la invención aguda y radical al estudio sensible de la luz del Sur. “Dejé l`Estaque  – confesó – porque el viento me había hecho contraer una molesta bronquitis. Me trasladé a Niza para curarme, y aquí me he quedado casi toda mi vida”.Matisse.-C.-por Henri Cartie-Bresson.-1944.-fotos org

Posteriormente, Matisse demostró que una enfermedad grave puede dejar profundas huellas aun si el paciente se recupera. Cuando andaba por los 70 años, se le desarrolló un cáncer de colon. Aceptó de mala gana la operación que fue practicada por tres de los más célebres cirujanos de Francia. Lograron salvarle la vida pero quedó gravemente enfermo. El que fuera profesor de cirugía y miembro honorario del Colegio Norteamericano de Cirujanos, Philip Sandblom, mantuvo años después una conversación con Matisse mientras éste estaba en cama, con un gato a sus pies, e indicando con una varilla cómo debían pegarse sus grandes recortes en la tela, aquellas aguadas sobre papeles recortados, meclando pintura y lápiz, para vencer los obstáculos de sus limitaciones corporales.  “La enfermedad – dice Sandblom en su libro “Enfermedad y creación” (Fondo de Cultura) – había alterado su actitud ante la vida y hacia el arte. Quería llenar los años de vida que le quedaran con toda la felicidad posible. Durante sus primeros años, a fuerza de mucho esfuerzo y grandes dolores, a menudo había penetrado en nuevos caminos por el arte moderno; ahora deseaba darse el gusto de recorrer esos caminos nuevamente con corazón ligero y sin ningún esfuerzo. Su estado mental se refleja en sus cuadros. En sus últimas obras se adivina un aire feliz de tranquilidad y reposo. El mismo Matisse estaba tan convencido de la benéfica irradiación de sus colores y de su poder curativo que colgó sus cuadros alrededor de las camas de sus amigos enfermos“.

MATISSE.-Retrato de Matisse por André Derain.-1905.-museumsyndicate

 Paul Klee, cenando una noche de junio de 1939 con el marchante Kahnweiler y hablando de su próximo final, cuando ya tiene el brazo afectado por la dolencia y ya no puede sujetar ni su querido violín, ni el pincel y el lápiz, murmura: “Las enfermedades endurecen la pintura…”. Unas veces la endurecen y otras – como en el caso de Matisse – la suavizan. Recuerda Sandblom que la influencia de la enfermedad en el individuo creador puede comprobarse de diversas maneras: Pierre Ronsard empezó a hacer versos cuando su sordera le impidió seguir la carrerra diplomática, Vivaldi se dedicó a componer debido a que el asma le impedía decir misa; hasta la técnica puede resultar afectada, como en el caso de Monet, cuando ejecuta sus pinturas estando casi ciego. Otros en cambio utilizan la enfermedad para describirla, como en Charlotte Brontë, Chejov, Dostoievski, Virginia Woolf o Goya.

Sueño un arte equilibrado, puro, apacible -escribió Matisse -, sin motivo inquietante o turbador, que sea para todo trabajador intelectual, para el hombre de negocios como para el escritor, por ejemplo, un lenitivo, un calmante cerebral, algo semejante a un buen sillón que le descanse de sus fatigas físicas“.

(Imágenes: 1.-Matisse: Interior con funda de violín.-1918-1919.- essyart/2.- Matisse fotografiado por Henri-Cartier -Bresson.- 1944.-/3.-retrato de Matisse por André Derain.- 1905.-museumsyndicate)

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viajar.-el hombre con la maleta.-por Alberto Sughi.-1992.-artnet

Ahora que pasan los obituarios por el arco iris de las palabrasBenedetti, Rafael Conte, tantos más – recuerdo las frases de Vincent Van Gogh a su hermano Théo:

“Si tomamos el tren para irnos a Tarascón o a Ruán, tomamos la muerte para irnos a una estrella. Lo que es realmente cierto en este razonamiento es que, estando en vida, no podemos irnos a una estrella; lo mismo que estando muertos no podemos tomar el tren. En fin, no me parece imposible que el cólera, el mal de piedra, la tisis, el cáncer, sean medios de locomoción celeste, como los barcos a vapor, los ómnibus y el ferrocarril, lo son terrestres. Morir tranquilamente de vejez sería ir a pie”. (“Cartas a Théo“) (Barral editores).

Ahora que pasan las palabras por encima de tantos obituarios morir recuerda mucho al viajar.

(Imagen: “Andare dove? L´uomo con le valigie”.- por Alberto Sughi.-1992.-artnet)

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Barbizon.-8.-camino en el bosque de Fontaineblau.-Theodore Rousseau.-arnet

Aquel que no ha visto bailar al padre Corot no puede hacerse de él más que una idea incompleta – escribe en 18881  Menard en “El mundo visto por los artistas” -. Es Camille Corot el que nos muestra cómo se practica la danza de las botellas. Se colocan botellas vacías en el suelo separadas irregularmente pero bastante alejadas entre sí para que pueda pasarse entre ellas sin volcarlas; únicamente, el espacio debe ser exacto. Cada uno se pone en fila, hombres y mujeres a continuación uno del otro, y al sonido de un rústico violón Corot abre la marcha. Al principio el movimiento es lento, pero después se acelera cada vez más hasta acabar siendo una galopada carrera; se trata de no hacer caer nunca las botellas para no ser expulsado del juego. El vencedor, en premio a sus habilidades, recibe una flor de manos de la recien casada“.

Son ocios y  diversiones a los que se entregan muchos artistas a mitad del siglo XlX en su refugio de Barbizon, junto al bosque de Fontainebleau, no muy lejos de París. Las casas aldeanas blanquedas de cal, los árboles cercanos, los caminos perdidos bajo las luces o las tormentas quedarán fijos en los paisajes de Théodore Rousseau, Millet o Díaz. Es la escuela de Barbizon , en el que el objetivo era reproducir exactamente la vida campesina en toda su crudeza. Rousseau diría que deseaba conservar intacta “la impresión virgen de la naturaleza“, y Baudelaire, sin embargo, reprocharía a Millet que “en lugar de extraer simplemente la poesía natural de su tema, se empeña en añadirle algo“.

En mis años de vida en París fuí en más de una ocasión a Barbizon y visité aquel refugio natural de artistas, las casas de la naturaleza y del cielo, los muros de los árboles, ventanas al atardecer. Asomándose a las nubes se comprobaba cuántos recintos propios construyen para sí mismos los creadores, páginas que son casas en el cuaderno de Auster o habitaciones que Patricia  Highsmith cerraba con llaves de aislamiento para proteger en soledad su escritura. Todo son casas, refugios, cuartos, bosques o cuadernos. Todos son árboles y caminos de letras, frases y pinceles andando a la vera del sol o de las sombras. Todo son cuestas y llanuras y jardines interiores como los que quiso hacerse para sí mismo el chileno Donoso en el silencio de Calaceite.Brabizon.-3.-Mujeres.-por Millet.-1857.-Museo de Orsay.-wikipedia

(Imágenes.-1.-Camino en el bosque de Fontainebleau.- Théodore Rousseau.- arnet/ 2.-Las espigadoras.-Millet.-1857.-Musée d´Orsay)

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