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DELIBES

 

Delibes- inu- en Sedano- años sesenta

 

Estuve con él la última vez en 1987, con motivo de su nombramiento como doctor “honoris causa” por la Universidad Complutense de Madrid, en la Facultad de Periodismo. Muchos años antes – al finalizar la década de los cincuenta – nos habíamos escrito, al comentarle su novela “La hoja roja”, en los tiempos en que yo era redactor-jefe de “La Estafeta Literaria”. Ahora se anuncia el acceso al archivo del escritor y sin duda encontraremos en él grandes hallazgos.

 

DElibes-n

 

Delibes habló sabiamente de muchos temas. “Los premios literarios – dijo – tienen su cara y su cruz. El Nadal, con Nada”, fue un aldabonazo para autores  y lectores. Y un buen negocio para los editores. Por eso no tiene nada de extraño que al calor del Nadal proliferasen los premios literarios sin garantías, sin orden ni concierto (…) Es imposible en un país como el nuestro distinguir cada año cincuenta novelas meritorias. Así empieza el descrédito de los premios literarios. La gente ya no se fía de los premios. Si esta tendencia a premiar la mediocridad, salvo las excepciones, se acentúa, no tardaremos en ver que los premios que fueron ayer la cuna de la novela española serán mañana su sepultura”.

 

Delibes--

 

Hablaba del lenguaje: “En mis novelas y relatos sobre Castilla, lo único que pretendo es llamar a las cosas por su nombre y saber el nombre de las cosas. Los que suelen acusarme de que hay un exceso de literatura en mis novelas se equivocan, y es que rara vez se han acercado a los pueblos. La tendencia a la precisión que me despertó la lectura del Garrigues se agudizó al tratar yo gentes de Castilla. Es decir, la propiedad con que definen sus problemas o la topografía que les circunda es inusual, infrecuente. Este lenguaje rural – porque no tiene que ver con el popular – sigue aún llamándome la atención.

 

Delibes- nhu- Delibes con su esposa en los años curenta- fundación Miguel Delibes- el pais

 

Cuando yo escribo en mis libros aquel cabezo o aquel cotarro no significan la misma cosa. Esto es lo que saben los hombres del pueblo, pero no lo suelen saber los hombres de la ciudad. El cotarro, el teso, el cueto, no son el cabezo. El cabezo es sencillamente el cueto; el cotarro, la colina que tiene una cresta de monte y monte de encina. Esto pude parecer preciosismo, pero es exactitud”.

Amor a Castilla, amor al lenguaje, amor a la precisión.

 

Delibes- nhui- mil novecientos setenta y cinco

 

(Imágenes.- 1.- Delibes en su refugio de Sedano- años sesenta/ 2.-manuscrito de “Los santos inocentes”- fundación Miguel Delibes- el país/ 3.- manuscrito de “Cinco horas con Mario”- fundación Miguel Delibes- el país/ 4.- Delibes con su esposa- años cuarenta- fundación Miguel Delibes- el país/ 5.-Delibes en su casa- 1975)

Madrid.- calle del Sacramento.- José Sancha.- pintura.aut.org

 

Paso por la madrileña calle del Sacramento  y me acompañan siempre las palabras de Unamuno:”Lo que habrá escuchado en atento silencio esa calle del Sacramento, sin tranvías y casi sin autos, esa fila de viviendas ciudadanas, recogido remanso de historia. ¿Del viejo Madrid? No, sino del Madrid intemporal, del Madrid – oso y madroño – que soñaba, vivía y revivía don Benito, su evangelista. Por esa calle del Sacramento solía callejear Bringas, el del Palacio Real.

Si, si, – me va  diciendo Unamuno – cabe callejear, discurrir  por Madrid soñando a España; cabe ir soñando por calles encachadas de este Madrid, senaras de España, sin temor a que le rompan a uno el sueño, que nos lo escuda y ampara este cielo que laña la cuenca del Duero con la del Tajo, Castilla la Vieja y la Nueva. Respira la calle del Sacramento aire de Guadarrama. Pero…¡ojo!, porque hay que vivir despierto. Por si acaso… A Dios rogando y con el mazo dando, no sea que se nos rompa la vela. Ese monumento de la desembocadura de la calle del Sacramento y aquel pedestal vacío de la Plaza Mayor nos amonestan a vivir despiertos. Que la barbarie que hoy se revuelve contra un símbolo, sea de carne o de bronce, mañana se revolverá contra el que la ha suplantado, y destruirá el símbolo, pero no lo simbolizado. A soñar, pues, lo que se queda; pero despiertos a lo que pasa. Y a Dios rogando y con el mazo dando.”

Miguel de Unamuno.- “Paisajes del alma”.- escrito en” El Sol”, marzo 1932

(Imagen.- calle del Sacramento.- José Sancha)

 

 

ríos- bgt- río Ësera- pont camí de la Font- wikipedia

 

“Yo soy la  sangre de la Litera va diciendo al pasar el río Ésera, nacido entre los ventisqueros de Benasque y la Maladeta, en el Pirineo -, pero no corro por sus venas, y por eso La Litera agoniza ; yo soy el rocío de la Litera, que ha de esmaltar de flores sus campos y mantener en ellos una primavera eterna, pero me apartan de allí porque no humedezca sus noches estivales, y por eso las flores de la Litera son abrojos y sus campos, abrasados desiertos africanos, donde sólo pueden vivir tribus de negros sometidos a ignominiosa servidumbre…”

Así va hablando el agua, así habla la voz del río, que Joaquín Costa nos entrega “como emocionado cántico a la tierra y al patrimonio regado que acabó siendo la esencia de su pensamiento“, tal como nos lo recuerda Jaime Lamo de Espinosa en su “Joaquín Costa” (Eumedia). Y Jaime Lamo añade que esa voz del río “es el corazón, el alma de Costa. El río desborda los límites geográficos territoriales, para impregnar la fuerza del agrarista Costa“.

 

paisajes.-4iuu.-ríos.-Kane Gledhill.-Australia

 

El río nos sigue hablando:

“Yo soy el oro de la Litera, con que ha de recogerse el pagaré, cancelar la hipoteca, alzarse el embargo, recobrarse el patrimonio regado con el sudor de tantas generaciones de trabajadores heroicos, pero no hacen nada por acuñarme – sigue diciendo el río -, y la Litera sigue gimiendo oprimida bajo una montaña de pagarés, de embargos y de hipotecas, cada vez más alta; yo soy el camino por donde han de volver los tristes emigrantes de la Litera a sus despoblados hogares, pero corro de espaldas a ella, y por eso los emigrantes cuanto más caminan, creyendo llegar, se encuentran más lejos; yo soy la libertad y la independencia de la Litera, pero no tengo voz en sus hogares ni en sus comicios, y por eso La Litera es esclava…

 

ríos- ung- río Esera- summitpost org

 

(…) Recogedme, sigue diciendo en su infatigable canturía el río Ésera (continúa la voz de Costa) ; no seáis ciegos, ni desmañados ni cobardes; recogedme a mí, recoged a mi compañero el río Ara, recoged a nuestro hijo común el Cinca; derramaros por un sistema arterial de venas y brazales a través de vuestros campos, de vuestros olivares, de vuestras dehesas, de vuestros despoblados y páramos, y veréis resucitada la edad aquella en que los santos hacían milagros y florecían las varas secas y llovía maná y se multiplicaban a ojos vistas los panes y los peces. Lss aldeas ascenderán a categoría de villas; las villas se harán ciudades; Barbastro se convertirá en una pequeña Zaragoza; Monzón adquirirá las proporciones de Lérida (…) ”

Así hablaba el río.

Así de vez en cuando habla el agua.

 

ríos- yuj-Benasque- commons wikimedia

 

(Imágenes.- 1.-río Ésera-pont camí de la Font/ 2.-Kane Gledhill/ 3.-río Ésera- summitpost org/ 4.-Benasque- comns wikimedia)

 

ANTE LA MESA DE TRABAJO

interiores.-9hhn.-París.-Willy Ronis.-Vincent y su gato.-1955

 

“Escribir significa saber que no estamos en la Tierra Prometida – así lo va confesando Claudio Magris en su libroMicrocosmos“-. Escribir significa saber que no estamos en la Tierra Prometida y que no podremos llegar nunca allí, pero continuar con tenacidad el camino en esa dirección, a través del desierto. Sentados en el cafè – prosigue diciendo en elSan Marcos” de Trieste -, se está de viaje, como en el tren, en el hotel o por la calle”.

“Alrededor de la persona que escribe libros – confiesa a su vez Marguerite Duras enEscribír“- , siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escritor. Nunca hablaba de esto con nadie”.

 

escribir-rrff-Albert Marquet

 

Emborronar cuartillas, liberar los demonios, embridarlos – continúa Magris sentado en el café -Escribir, interrumpirse, charlar, jugar a cartas; la risa en una mesa cercana, un perfil de mujer, indiscutible como el destino, el vino en la copa, dorado color del tiempo. Las horas fluyen amables, despreocupadas, casi felices”.

“Creo que la persona que escribe – va anotando Duras en su mesa de trabajo – no tiene idea respecto al libro, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura del libro, sólo conoce la escritura seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía, el sentido.

 

escribir.-9hhb.-Fritz Busch- 1890-1951

 

Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro soñado, como el último hijo, siempre el más amado”.

 

escribir- bfr- mesa de trabajo Thomas Mann- Archivo Thomas Mann-Zurich

 

Todo esto ocurre ante la mesa de trabajo.

La mesa de trabajo es nuestro único testigo.

(Imágenes.- 1.-Willy Ronis– 1955/ 2.-Albert Marquet/ 3.-Fritz Busch/ 4.-mesa de trabajo de Thomas Mann – archivo Thomas Mann. Zúrich)

ERES COMO EL SUSTENTO

 

flores-ynnu-John Henry Twachtman. mil ochocientos noventa y uno

 

“Eres como el sustento es a la vida,

lo que lluvia en estío es a la tierra;

como el tesoro que un avaro cuida

yo defiendo tu amor, conmigo en guerra.

Ora el placer del poseedor bendigo,

mas que el mundo te robe me tortura,

ora la soledad quiero contigo,

ora que todos sepan mi ventura.

En mirarte se place mi avaricia

mas me acosa hambre al fin de una mirada;

no puedo concebir mayor delicia,

porque fuera de ti no aspiro a nada.

Languidezco o me sacio de tal modo,

que de todo carezco o tengo todo”.

William Shakespeare.-Soneto LXXV

 

flores-nnun-Anne Redpath

 

(Imágenes.-1.-Henry Twadtman– 1891/ 2.-Anne Redpath)

Quijote-obg- ikustraciób de Angeles Nestres

 

“Sayas de velarte – describe Cervantes el vestido de Don Quijote -, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino”. ¿Es preciso explicar cuáles eran estas prendas? Astrana Marín afirma que sí. y nos va diciendo que “el velarte, que lo había negro y azul, era un paño de capas enfurtido, de bastante buena calidad, que se vendía caro. Una capa del más modesto velarte valía dos o tres ducados. Este se llamaba veintidoseno de capas; pero había otro más fino y de alto precio, que le decían veinticuatreno, del cual sería, probablemente, el sayo de Quijada, pues los Quijadas eran familia de gran presunción en Esquivias. El velarte, paño de abrigo, no solían usarlo las damas de la Corte, por recio y pesado; pero las mujeres de pueblo confeccionaban con él mantos domingueros o de días de fiesta.

 

Quijote-ioRo- Robert Smitke- emblematica com

 

Las calzas –prosigue Astrana – eran de dos clases, de velludo (felpa o terciopelo), como las de Don Quijote en días señalados; o de gamuza, para andar por el campo; cubrían muslo y pierna y hacían las veces de medias y calzones. Los pantuflos “de lo mesmo” venían a ser como los chanclos de ahora, que ponían sobre los zapatos: calzado de abrigo para gente madura, de dos o más corchos. En cuanto al vellorí, era un paño entrefino, generalmente de Andalucía o Cuenca, de color pardo ceniciento. Se estimaba mucho el fabricado en Córdoba, de lana fina sin teñir.

 

Quijote-unu- taringa net

 

Esta indumentaria cambia de aspecto cuando Don Quijote, ya “secado el celebro“, decide emprender sus aventuras: ha de ir armado, como loa caballeros andantes. En efecto, limpió “unas armas que habían sido de sus bisabuelos que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón“. Pero advirtió una gran falta: no tenían celada de encaje, sino morrión. Entonces hizo de cartones una especie de media celada que, encajada en el morrión, parecía celada entera. La probó con la espada, mas no la encontró resistente. En consecuencia, le puso unas barras de hierro por dentro, y, sin volver a probarla, la consideró ” por celada finísima de encaje”.

 Y vestido de esta guisa echó a andar por los campos de la novela.

 

Quijote- yu- taringa net

 

(Imágenes.- 1.-ilustración de Angeles Mestre/ 2.-Robert Smitke- emblemática com/ 3 y 4- Taringa)

AQUELLA GRAN CASA ANTIGUA

 

interiores-ciuun-Joschi Herczeg

 

“Recuerdo aquella primera casa en la que estuve en Madrid, una casa enorme, casi deshabitada, en la que solo vivía conmigo mi tía Amparo, una figura muy pequeñita, una figura como una nuez, una falda estampada de colores marrones, unos pies diminutos y una cabeza como un alfiler, pero sobre todo unas manos gordezuelas cuyos dedos los tapaban las sortijas, innumerables sortijas en cada dedo, sortijas baratas pero que refulgían cuando daba la luz en el pasillo y entraba por algún ventanal la luminosidad. Entonces aquellas sortijas relucían entre la sombra y la luz e iban acompañando a aquella figura bamboleante que avanzaba torpemente por aquel pasillo de madera , en la casa antigua tan llena de historia, tan ocupada antes por ladridos de perros y por voces que entraban en las piezas de caza y por noviazgos furtivos y otra vez por ladridos y roces de animales nerviosos que venían del campo agitando sus colas porque habían cazado cerca de las escopetas, disparados y febriles campo arriba a por la presa, sudorosos, inquietos, y que ahora acababan rendidos,

 

interiores- bfe- Henri Le Roux- mil novecientos treinta y siete

 

adormilados bajo la gran mesa del comedor, aquella mesa redonda que se abría y dilataba gracias a los resortes de su madera y extendía los puestos de los comensales, la servilleta y los vasos y cubiertos de Eduardo, las mejillas sonrosadas de Elisa, los brazos de Elvira, y bajo aquella mesa los perros dormitaban agotados, estaban las escopetas ya guardadas en los armarios, unas perdices quedaban tendidas en las losas de la gran cocina, aquella cocina al final del pasillo hacia la que iba  la diminuta figura de mi tía Amparo con su vestido de flores marrones tal y como si fuera a una peregrinación, no había nada que hacer ahora en la cocina, las perdices habían ya desaparecido, los ladridos de los perros se habían apagado, la mesa redonda del comedor permanecía vacía, pero la procesión en el tiempo con las sortijas refulgentes en sus dedos a lo largo del oscuro pasillo tardaba en llegar, hay un silencio total en estas habitaciones de otras épocas,

 

interiores-vvvbb- Beata Bieniak

 

puertas abiertas las que dan a este pasillo, ventanales altos, unos bustos en bronce sobre las chimeneas que un día se encendieron para calentar tantas conversaciones, allí se hablaba de política y de fincas, los vaivenes y sobresaltos de tantas aspiraciones para llegar a ser o no ser ministro de Instrucción Pública, ministro de Marina, ministro de Fomento, dimes y diretes al lado de estas chimeneas encendidas cuyos carbones rojizos iluminaban no sólo los gestos y las manos y las miradas de las discusiones para acceder a altos cargos, sino también las intenciones, las trapisondas, aquello que las llamas revelaban sobre las astucias escondidas, las trampas, las recomendaciones y las envidias. Ahora las chimeneas estaban completamente apagadas desde hacía varios años y la figura pequeñísima de mi tía Amparo seguía avanzando muy despacio por aquel largo pasillo desde cuyas habitaciones laterales con las puertas abiertas

 

interiores-vuuen Tassos Chonias

 

asomaban camas antiguas de hierro forjado y armarios enormes como éste ante el cual ahora me encontraba y en el que, al abrir la hoja de su puerta, descubrí que aún guardaba ropa cuidadosamente ordenada y clasificada en distintas baldas, sábanas y colchas con iniciales y bordados, y hasta me sorprendió ver un vestido femenino todavía colgado en una percha que sin duda habría sido elegante en un tiempo y habría dado vueltas y vueltas al ritmo de bailes de salón, bajo lámparas deslumbrantes, un vestido blanco de ceremonias con mangas y pliegues de gran calidad. Y fue en ese momento, al cerrar de nuevo la puerta del enorme armario destinado a guardar ropa, cuando me vi de cuerpo entero en la gran luna del espejo de aquel mueble, pero no me vi solamente a mí mismo, sino que confirmé todo el poderío que puede tener lo invisible”.

José Julio Perlado.-(del libro “Relámpagos”, de próxima aparición) (relato inédito)

 

espejos-ededed.-John Singer Sargent- mil ochocientos noventa y ocho

 

(Imágenes.- 1.-Joshi Herczeg-2009/ 2.–Henri Le Roux- 1937/ 3.-Beata Bieniak/ 4.-Tassos Chonias/ 5.- John Singer Sargent– 1898)

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