Diciembre 5, 2009 de jjulio

“La A es la primera letra que el hombre pronuncia en naciendo, salvo que el varón como tiene más fuerza dice A y la hembra E; en que parece entrar en el mundo lamentándose de sus primeros padres Adán y Eva“, dice Sebastián de Covarrubias. RAMÓN, a su vez, definiendo a esta vocal con su greguería señaló que “la A es la tienda de campaña del alfabeto“. La imaginación siempre ha rondado a las letras, las ha rodeado y las ha iluminado.

La S para Virginia Woolf simbolizaba la serpiente del paraíso terrenal del poeta y de algún modo parecido Gómez de la Serna decía que ”la S es el anzuelo del abecedario” mientras para él ”el cisne es la S capitular del poema del estanque“. Valle Inclán, al preguntarle por qué se embarcaba para México, respondió que “porque México se escribe con x“. Y precisamente esa letra fue la que atrajo más a las bandadas de greguerías que en el aire iba soltando Ramón: “tomó por la cintura a la señorita X” escribió, por elegir una de ellas. La mirada de sus greguerías se extendía sobre el campo de las letras y por eso ”la ñ dice adiós con su pañuelo a los niños y a los ñoños” y “la ï con diéresis es como la letra malabarista del abecedario“.
La i y la u ya habían captado la atención de Lope:
Es el ti diminutivo
del tú, y es hijo del mí,
porque le regala así
con el acento más vivo.
El tú es bajo, y tiple el mí.
La i volvía a ser motivo de greguería en Ramón: “la i es el dedo meñique del alfabeto” y protestaba diciendo: “no se por qué la I mayúscula ha de quedarse sin su punto“. La forma de las letras siempre fascinó a los comentaristas y algún estudioso vio de lejos en la m las ondas del agua y de cerca, en la h, un hombre en oración. En la t se ha visto una cruz, pero también el martillo del abecedario; naturalmente, Ramón añadía que “ la T está pidiendo hilos de telégrafo“. Gregorio Salvador y Juan Ramón Lodares en “Historia de las letras” (Espasa) recuerdan que es imposible saber a quién se le ocurrió convertir la cabeza de un buey en una A, y repasan algunos inventores de letras, como a Espurio Carvilio inventor de la g. Pero las letras, cuando las contemplamos en el teclado o en esta exposición madrileña sobre la Imprenta Real y las fuentes de la tipografía española nos siguen abriendo su misterio, nos siguen suscitando muchas interpretaciones.
Si” la L -decía Ramón – parece largar un puntapié a la letra que lleva al lado” y” la F es el grifo del abecedario“, ” la h – decía también - es una letra tan transparente y muda, que no es raro que a veces no nos demos cuenta de que no está en la palabra en que debiera estar“, puesto que ”el alfabeto - añadía – es un nido de pájaros del que proceden bandadas y bandadas de palabras“.
Para acabar diciendo: “el lápiz solo escribe sombras de palabras“. Y echar el cerrojo al abecedario con la llave de la greguería.

(Imágenes:. “Imprenta Real: fuentes de la tipografía española”.- Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, exposición hasta el 24 de enero de 2010.–1.-punzones y matrices para la Real Biblioteca.-Imprenta Joaquín Ibarra 1787.-Biblioteca Nacional de España/ 2.-matrices/ 3.-tipo de José María Ribagorda basada en los tipos de Jerónimo Gil que se utilizaron para la edición de El Quijote.)
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Diciembre 3, 2009 de jjulio
“Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del río.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente a amar a la humanidad.
Prefiero tener en la mano hilo y aguja.
Prefiero el color verde.
Prefiero no afirmar que la razón es la culpable de todo.´
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Con los médicos prefiero hablar de otra cosa.
Prefiero las viejas ilustraciones.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas a lo ridículo de no escribirlos.
En el amor prefiero los aniversarios que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas que no me prometen nada.
Prefiero la bondad del sabio a la del demasiado crédulo.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grim a las primeras planas del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado a muchas otras que tampoco he dicho.
Prefiero el cero solo al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo de los insectos al tiempo de las estrellas.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad de que todo tiene una razón de ser”.
Wislawa Szymbroska: “Posibilidades” (1985) (recogido por Umberto Eco en “El vértigo de las listas” (Lumen)
Varias veces he hablado de esta gran poetisa polaca, Premio Nobel, en Mi Siglo. Después de leer la lista de sus preferencias puede uno preguntarse:
¿Qué prefiero yo?
¿Qué prefieres tú?
¿Qué prefiere usted?
(Imagen: Wislawa Szymborska en una lectura de poemas.-wikipedia)
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Diciembre 1, 2009 de jjulio

“Al rayar el día – escribe Mesonero Romanos en 1833 - empieza lentamente el movimiento de este pueblo numeroso. Se abren sus puertas para dar entrada a infinidad de aldeanos (…); en estas primeras horas los tahoneros, montados en sus caballos con enormes serones, reparten el pan por las tiendas; los ligeros valencianos cruzan las calles en todas direccciones pregonando sus refrescos; las tiendas se llenan de mozos y criados que concurren a beber; los carros de los ordinarios que salen, se cruzan con la rechinante carreta de bueyes que viene cargada de carbón”.

“las plazas y mercados van progresivamente llenándose de gentes que se ocupan de las compras en menudo, las iglesias de ancianos piadosos y madrugadores, que concurren a las primeras misas de la mañana (…) Suenan las ocho, y el tambor de las guardias que se relevan se hace oir en todos los cuarteles de la capital. Las jóvenes elegantes que habían salido a misa o a paseo en un gracioso negligé vuelven lentamente a sus casas, acompañadas, por supuesto, casualmente (…) Los cafés retirados, las tiendas de vinos y las hosterías presencian a tales horas estos obsequios misteriosos”.

“Pero a las nueve el cuadro ha variado de aspecto; los coches de los magnates, de los funcionarios públicos, seguidos a carrera por la turba de pretendientes, que los espera a su descenso, corren a los Consejos y a las oficinas públicas; el empleado subalterno, saboreando aun su chocolate, marcha también a colocarse en su respectiva mesa; los estudios de los abogados quedan abiertos a la multitud de litigantes; el ruido de la moneda resuena en el contador del comerciante (…) La Puerta del Sol empieza a ser el centro del movimiento del público y del quietismo de una parte de él, que se la reparten como su propiedad. Los corredores subalternos de préstamos y demás, hacen allí sus negocios sin correr; los músicos, esperan avisos de bodas, llegadas de forasteros y festividades para correr a felicitar a los dichosos (…) ; los ciegos pregonan sus curiosos romances; los aguadores riñen por haberse quitado la vez para llenar sus cubas, y las vendedoras de naranjas hacen conocer sus excelentes pulmones”.

“Los Consejos, la Sala, los Juzgados de la Villa, la Caja de Amortización y otros muchos objetos llaman a la multitud hacia la calle Mayor; los litigantes cargados de papeles; los procuradores de sus procesos; los escribanos y alguaciles con sus respectivas vestimentas”.

“El artesano, entre tanto, que al punto de las doce dejó sus trabajos, prepara su comida sencilla, mientras el pretendiente va a ocupar su lugar en la antesala de la secretaria”.

“En el Prado luce la sociedad elegante, los brillantes trenes y la esmerada compostura; la multitud esparciéndose fuera de las puertas, busca los paseos adecuados a sus gustos. Todos permanecen en ellos hasta que la noche se acerca. (…) La multitud va disminuyendo en las calles; los barrios apartados permanecen solitarios, y solo los del centro ofrecen todavía vida hasta después de cerrados los teatros. La mayor parte vuelve a sus casas a disfrutar del reposo; pero otra parte prolonga la vida que hurtaron al día, ostentando en tertulias elegantes sus estudiados adornos, o arruinándose en juegos reprobados; sus coches hacen retemblar las pacíficas calles y va disminuyendo su número hasta que ya a las dos de la mañana se oye solo la voz del vigilante sereno, que da la hora y avisa al desvelado las que aun le faltan que penar. Los cantos de las aves precursoras del día suceden a aquel silencio, y el cuadro anterior vuelve a comenzar”.

Ramón Mesonero Romanos: “Un día en Madrid” (“Manual de Madrid”) 1833.
(Imágenes.-Se ha inaugurado estos días en Madrid, ( del 26 de noviembre al 31 de enero de 2010) la exposición “Marileños. Un Álbum Colectivo” del Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid, con fotografías provenientes de particulares.-Algunas de las imágenes aquí representadas pertenecen a dicho Archivo) ( Fotos:- 1.-Palacio Real en 1887 .-donado por Santiago Saavedra/2.-Omnibus del barrio de Salamanca en 1890.-donado por Mario Fernández Albarés./ 3.-Puerta del Sol en 1900.-klumpcol.com/4.-calles y transeuntes en 1900.-donado por Mario Fernández Albarés/5.-operarios en 1900.-donado por Mario Fernández Albarés/ 6.-La Cibeles en 1890.-donado por Mario Fernández Albarés/7.-calle de Alcalá en 1892.-donado por Jaime Murillo Rubiera)
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Noviembre 29, 2009 de jjulio

” Cuando llegó la mujer a su casa y cerró la puerta, respiró ya tranquila y pensó que la noche podía descender cuando quisiera porque ella estaba ya junto a su nieto, y aquel pensamiento elevó poco a poco sus alas abiertas como las de un murciélago, y primero se hizo la noche en aquella habitación, y luego desplegó la noche la cara inferior de sus alas hasta el comedor, y por la cocina y por toda la casa, y el violeta aterciopelado de la noche se extendió por el mundo. Como aquella era la última noche que iba a pasar la abuela con el nieto, Dios les dejó escuchar a los dos los ruidos nocturnos y les dejó ver los colores de la noche, cosas que nadie había visto jamás. Entonces, durante horas, abuela y nieto, los dos solos en el dormitorio, fueron viendo y oyendo a la noche: oyeron cómo pulverizaba sus cristales el hielo negro de los gélidos fondos del día, cómo se disolvían sales oscuras por el aire, cómo pigmentos de la atmósfera caían lentamente en el espacio, y vieron el paso de piedras preciosas volantes y de escamas cromáticas que desprendía la piel del tiempo. El gran caldero de la noche adquirió ante ellos un tono morado y los humores de la jornada fueron cociéndose hasta hacerse cenizas de orín. Empezaron a sonar todas las campanillas y los dondiegos de noche, asomaron las polillas nocturnas, las flores vírgenes rosáceas y las fecundadas amarillas, se oyó bullir a las burbujas, nadaron azules de ojos blandos y filamentos mucosos de lapislázuli dejando espuma, la noche se hizo topacio iridiscente y cráter de aguamarina. Entonces pasó una mancha errante por el suelo abisal de la noche y el golpe de su cola dejó un rojo roca que se tiñó enseguida con un oro puro, al que persiguió un anaranjado deslizante, zambullido por un verde esmeralda que devoró un azul. Aquel azul reinó toda la noche con sus antenas de fosforescencia ocultando el rocío de platino y de ámbar que iba a traer el día. Un olor penetrante de madreselva, un olor a exangüe melancolía, se coló por los poros de la esponja de la oscuridad e impregnó el papel dorado de la caja de la noche sostenida por las estrellas. La ballena del silencio se posó en los fondos del cielo y bancos de niebla emprendieron una migración densa. Entonces se vio pasar a la isla de Creta entre los bosques de coral de alambre de los continentes sin hacer ruido, sonámbula entre los astros. Penachos de pelos perfumados se anillaron en luminosas pulseras. Cangrejos de herradura arrastraron a nubes uncidas, preparándolas para el amanecer. El viento abrió sus brazos transformados en alas atigradas de Madagascar, escamas escarlatas de Polinesia, azules nacarados de Ceilán. La luna se hizo mosaico bizantino a cuya luz libaron todas las mariposas del mundo. Así pasaron las horas. Así fue la noche. La abuela sabía que su nieto tenía que irse antes de amanecer para emprender la vida y aquel niño también lo sabía. Antes del alba, la abuela tomó la cabeza del niño, se la acercó y le besó primero en el nido de la memoria, luego en el de la voluntad y por fin en el del entendimiento, y en los tres le hizo la señal de la cruz.
–Que Dios te bendiga, Juan –le dijo–. Ya puedes irte.
Y le puso en las manos una cajita de plata.
–Aquí tienes tu infancia. El ayer amarillo. No la pierdas. Pero ahora tienes que vivir el hoy, no el ayer.
Salió aquel niño del ayer amarillo con la caja de su infancia en la mano, anduvo y anduvo, y fue entrando poco a poco en el hoy para siempre, mezclándose con la multitud”.
José Julio Perlado: (del libro “Nosotros, los Darnius“) (relato inédito)
(Imagen.-Rudy Ernst.-2002.-artnet)
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Noviembre 28, 2009 de jjulio

“Pequeño tema inspirado en una conversación mantenida anoche con Lady Shrewshury, durante una cena en casa de Lady Lindsay – escribe Henry James en sus Notas el 18 de mayo de 1892 -: la mujer que de joven ha sido muy fea, por esa fealdad ha sido desairada y humillada, y – como muy a menudo, o al menos a veces, suele ocurrir con las muchachas corrientes – en sus años maduros, y aun después, se vuelve mucho más agraciada, guapa incluso – y a consecuencia de ello encantadora, en todo caso, y atractiva -, de modo que los últimos años de vida le deparan el triunfo, la recompensa, la revanche. Idea de una mujer así que, en una situación semejante, encuentra a un hombre que cuando joven la despreció y humilló, que acaso rechazó el casamiento – un casamiento proyectado por ambas familias -, y que por torpeza, aun por fatuidad e insensatez, le dio a entender que era demasiado poco para él ….”.
Y así sigue Henry James, minucioso y en perfecta elaboración mental, el proyecto de su cuento titulado “La rueda del tiempo” que publicaría meses después. Estos son los “talleres” del novelista – talleres, pruebas, esbozos, planes, y también dudas e indecisiones – que ahora acaba felizmente de reeditar Destino bajo el título “Cuadernos de Notas (1878-1911)”. Los había leído hace años en la primera versión de Ediciones Península y siempre me sirvieron para entrar en esa cámara secreta de un creador, seguir su trayecto desde el momento en que coge al vuelo una idea (en una cena, por ejemplo) y va uniendo después los hilos de modo personal hasta que lo ajusta por completo en su mente y lo lleva al papel. James había señalado en el prólogo a su novela corta ”Las ruinas de Poynton” que sus historias nacían a menudo de una semilla “lanzada distraídamente” por algún compañero de cena, pero hacía hincapié en el hecho de que, si una fugaz sugerencia basta a veces para atizar la imaginación, cualquier exceso puede “echar a perder” la operación entera.

“Puesto que la vida – había dicho en ese prólogo – es toda inclusión y confusión, y el arte todo discriminación y selección, éste último, en busca del recio valor oculto que es el único que le concierne, olfatea la masa tan instintiva y certeramente como un perro que barrunta un hueso enterrado”. Además de “barruntar” ideas y situaciones que están ahí, flotando en el aire (como las “mariposas nocturnas” de Virginia Woolf), James buscaba igualmente, como tantos otros novelistas, las precisiones adecuadas a sus personajes. De ahí la lista de nombres y apellidos tomados de tantos sitios para bautizar a sus criaturas de ficcción. “Nombres - escribe James en sus “Cuadernos“ -: Gisborne -Dessin- Carden- Gent -Peregrine King (visto en The Times)”. Los toma de todas partes. Simenon se rodeaba de listas telefónicas de todos los países del mundo para ser certero en apellidos y en nombres. Hoy, tanto el creador de “Maigret” como el del “Retrato de una dama” lo resolverían en Internet.
“La única razón de existir de una novela - escribió Henry James en “El arte de la ficción” – es que ciertamente intenta representar la vida”. La diferencia entre una buena y mala novela es que “la mala es arrojada con todas las telas embadurnadas y todo el mármol inutilizado hacia algún limbo no frecuentado, o algún basurero infinito debajo de las ventanas traseras del mundo, y la buena subsiste y emite su luz y estimula nuestro deseo de perfección”.
(Imágenes:- 1.- Henry James, por John Singer Sargent.-1913.-The Henry James Resource Center/ 2.- Henry James.-guardian.co.uk)
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Noviembre 27, 2009 de jjulio

” Mi hermano Oscar vive en el palacio de Cnossos, en lo profundo del Laberinto.
Mi hermano ya es un laberinto en sí mismo. Para llegar hasta él hay que entrar por la llamada “logia de los guardianes” y allí todo el que quiera encontrarle debe aguardar durante cierto tiempo en la sala de espera. Se abre luego la puerta del “Corredor de la Procesión“. Óscar deja caer un vestíbulo que da a unos pozos de luz y consigue que ascienda lentamente la Sala del Trono. Normalmente, mi hermano observa bien al recién llegado desde el corredor central, oculto bajo los escalones que conducen al primer piso. El visitante se encuentra de repente en una cripta de columnas que da a la cámara del tesoro, sin saber a ciencia cierta hacia dónde dirigirse: si encaminarse hacia el Santuario o bajar al encuentro de la denominada “terraza subterránea“. Óscar se coloca entonces en un monumental palacete que hay en el ala Este. Cada paso que da quien acaba de llegar es imitado sistemáticamente por mi hermano, que lo destruye al primer contacto. Es así como el visitante se va alejando a cada momento de Óscar, a la vez que Óscar se aleja del visitante. El juego de las piernas y el ritmo exacto de las articulaciones se hace esencial. Es un “ballet” de sombras, una separación progresiva y matemática en la que Óscar llega a ser un maestro. Único ser humano que ha logrado el encuentro al revés, Óscar domina a quien quiere verle. El recién llegado no posee conocimiento para saber que conforme se acerca se aleja, y que será en el total alejamiento donde hallará su final. Nadie, por tanto, ha podido encontrarse con Óscar sino en la lejanía. Nadie que no sea alguien que él desee ha visto con claridad a mi hermano y mi hermano nunca ha visto a nadie. No se conoce, pues, su aspecto. Sólo se le intuye. Se dice de este hermano mío que tiene mil cabezas y que él es el Minotauro. Jamás se podrá comprobar, ya que el Minotauro es tan desconocido como mi hermano. Y sin embargo hay gentes que han alcanzado a vislumbrar su penumbra. Comentan de él que extiende un eco negro que cubre toda Creta y que llega hasta el mar.

¿Es hijo de mi madre, como yo, o es una isla? Indudablemente es una isla anclada sobre el tiempo. El tiempo griego se identifica con Óscar. De tal modo, que mientras el resto de los hombres viaja por los siglos, él permanece agazapado antes del siglo primero, en una noche de milenios. Por ello se ha hablado tanto de sus pies de arcilla, su cuerpo de negociante y su cabeza de marino. Con los pies alcanza su perfección en la cerámica, con el cuerpo compra y vende palacios, con la cabeza suele beber del mar. Es entonces cuando mi hermano se identifica con Creta y Creta misma es Óscar. Desde que se pisa la isla, los pies se hunden en el ser humano. Astutamente, él va dejando que se acerquen. Puede uno moverse sobre Creta ya que Creta parece dormida. Seguirá dormida mientras mi hermano permanezca inmóvil. Él puede vivir inmóvil, aguardando a quienes le visitan. Ha colocado casas y hombres y ruinas sobre su piel. Está Canea, está Festos, está Heraclión. Y cuando Creta se despereza, cuando este hermano mío sacude su sueño, un gran animal de tierra aparece en el Egeo meridional. Es Óscar que silenciosamente se agita en el océano. Sin el menor ruido, comienza a remover arena. Entonces las ciudades parecen tambalearse. Vacila el monte Ida y pierde el equilibrio el monte Lassithi. Óscar va levantando su grupa en el aire y toda la isla se eleva sobre el mar. Lo que no ha podido hacer nunca –viajar en los espacios–, intenta mi hermano hacerlo ahora. Por eso dicen que a Creta se la ha visto andar por el mar Egeo y el mar Jónico. La única isla que no solamente puede nadar sino que puede andar, busca afanosamente su destino. Hay rumores de que mi hermano se acerca hasta Corfú o se vuelve hacia Rodas. Sabe que no puede llegar hasta Salónica porque el Egeo está lleno de piedras que son islas auténticas. Él es la isla humana, mitad animal‑mitad tierra, que se abre camino sobre el agua. Se oye un sordo movimiento en la noche cuando Grecia duerme. Creta cree que no le mira Grecia, pero Grecia posee ojos invisibles. Jamás deja escapar a un enemigo. Óscar no es enemigo ni amigo de Grecia: desea huir de su dominio. Creta ama la libertad. Redes de agua procuran apresarla. El agua es resplandor transparente: Óscar sabe que son Jónico y Egeo en el instante en que se entienden. Egeo y Jónico murmuran sobre Creta. Es el susurro que rodea las islas, ese viento marino que oyen los campesinos: los griegos conocen el lenguaje del mar.

Entonces Óscar escucha a las aguas, pero las aguas se le escapan. Se dice que él anda mientras las aguas fluyen. Se esconden por debajo de su cuerpo, le bañan, le emborrachan. Ebrio de mar, mi hermano es atrapado. Cae de bruces, le empapa el océano. A veces se le encuentra perdido, la senda de los siglos le rodea. Quiere hablar con la leyenda y con la historia. Sabe, sin embargo, que no podrá escapar. Griega es la sal de la que ha bebido y griega es su tierra que se extiende. Es más animal que nunca, menos humano. Con torpeza, sin ningún cuidado, Óscar intenta recordar. Sueña con vasos, con marfil. Aparta ese líquido de sueños y se esfuerza por soñar con Asia y con Egipto. Viene a él implacablemente la cerámica, la arcilla: la arcilla le conduce al Laberinto. Cuando se despierta se revuelve en sí mismo. No puede desatarse de su propia condición. Está rodeado de frescos. Las pinturas murales aparecen y desaparecen, le hacen guiños. Óscar sigue siendo isla, pero Creta es solamente Cnossos. El palacio de Cnossos se extiende hasta tocar el mar. Dibujos y jarros irán mansamente a flotar en el agua. La cultura de Creta expande el océano. Es lo que segrega mi hermano, aquello que se le escapa. Hundido en lo más hondo de sus ruinas, el palacio medita. Piensa cómo expulsar aún más al visitante para acercarle alejándole. El Laberinto recorre ahora la isla igual que una serpiente. Siembra enroscada la equivocación. Ha dejado caer ese hilo invisible, el que anuda el cuerpo de mi hermano. La gran astucia es no ser hilo de Ariadna que le salve, sino el que nunca le dejará huir. Óscar se ha reducido a Cnossos y Cnossos al Laberinto. El Laberinto, a su vez, se ha extendido. Ya nadie sabrá dónde está cómo y quién está dónde. El lenguaje jeroglífico va por dentro del hilo. Ese hilo se extiende formando el Laberinto. El Laberinto deja que el palacio busque en Óscar a Cnossos y se encuentre en Creta. Retorna Creta a Cnossos, le abre Óscar y entra en el palacio. Mi hermano está perplejo.
El palacio comienza a moverse mientras mi hermano permanece quieto. Avanza un toro de oro cortado por un hacha que mete la cabeza en un anillo. Cae el anillo en un vaso, estalla en un friso y los caballos del friso galopan hasta un casco de bronce que atraviesa una espada de pintura mural. Un león de alabastro devora la pintura mural, y comienzan a desperazarse las ruinas.
Así, de pronto, piso yo lentamente la piel de mi hermano”.
José Julio Perlado: (del libro ”Nosotros, los Darnius“) (relato inédito)
(Imágenes:-1.-Keith Harring.- Hamilton- Selway Fine Art-arnet/ 2. Keith Harring.-artnet/3.-Keith Harring.-1988.-Hamilton Selway- Fine Art-artnet)
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Noviembre 25, 2009 de jjulio
“Calculo que habré escrito en mi vida, hasta la fecha - decía Sánchez Ferlosio en 1977 – como entre 200 o 300 veces más de lo que he publicado; por eso mi refrán – glosado del que dice “Cada maestrillo tiene su librillo” – ha sido siempre: “Más vale maestrillo de menos que librillo de más”. Tal vez sea una coartada de mi inseguridad o, más probablemente, que como estoy irrecuperablemente anclado en el Ancien Régime y todavía escribo con el anticuado deseo de tener razón y de convencer a alguien de algo que me parezca cierto, tanto la duda de todo “tener razón” como el descorazonamiento de no lograr convencer a nadie de nada me anima cada vez menos a publicar, aunque siga escribendo y escribiendo eternamente”.
El escritor, que ha sido galardonado hoy con el Premio Nacional de las Letras Españolas 2009, hacía estas y otras interesantes confesiones en “La forja de un plumífero” (Destino) y allí contaba sus aventuras y desventuras familiares y literarias, sus recorridos por muy distintas viviendas, sus predilecciones por la ficcción primero y por la gramática después. También ternuras paternas jalonando su trabajo y su existencia: “me quedaba una media de 4 días con sus 4 noches en sesión continua de lecturas y escrituras gramaticales -decía evocando el final de los cincuenta y principios de los sesenta -, con luz eléctrica también de día, como Monsieur Dupin, el de “El misterio de María Rôget” y “Los crímenes de la calle Morgue”; al fin caía redondo y me dormía profundamente durante 24 o más horas, salvo 1 o 2 brevísimos despertares para comer y beber y con una maravillosa bajada de tensión. Después cogía a mi niña – que en el 60 cumplió los cuatro años – y me pasaba con ella 4 o 5 días sin interrupción; íbamos a los parques y a visitar museos: de El Prado, le gustaba sobre todo El Bosco, porque, como ella decía, “tiene mucho”, y La Laguna Estigia de Platinir. Pero El triunfo de la muerte de Brueghel el Viejo, se volvería su favorito. Yo no quería enseñárselo, por esa tontería de los padres de evitar a nuestros hijos pequeños la visión de la muerte (la educación del príncipe Gauthama), y me la llevaba disimuladamente hacia el que estaba al lado, haciendo rincón con él: El carro de heno. Pero ella era tan atenta y difícil de engañar que, a la segunda, me cazó. Y El triunfo de la muerte se hizo su cuadro favorito para siempre. Esta reproducción que tengo ante los ojos, ahí colgada en la pared, era de ella”.

(Vayan estas líneas como recuerdo hoy al gran escritor de “El testimonio de Yarfoz” (Alianza) o de los extraordinarios relatos “Carta de provincias” o “El reincidente” y las prosas excelentes de “Los príncipes concordes“, “El escudo de Jotán” o “Los lectores del ayer” ( todos ellos recogidos en “El geco” (Destino).
Ojo, oído y literatura, como ya escribí aquí.
(Imágenes :-1.-Rafael Sánchez Ferlosio.-foto EFE/2.-Ferlosio.-ucm.es)
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Noviembre 24, 2009 de jjulio

Varias veces he hablado en MI SIGLO del francés Georges Perec, pero sobre todo hace algunos meses, en enero de 2009, cuando incluía aquí fragmentos de su divertido texto “El arte de abordar a su jefe de servicio para pedirle un aumento“.
En 1981, respondiendo al célebre cuestonario Proust al que le sometía un estudiante para completar un ensayo sobre su obra, Perec, a la pregunta, “¿Qué querría usted ser?” contestó: “Hombre de letras“. Y efectivamente era así: hombre fascinado por las letras. “Un hombre de letras – añadió en aquella ocasión – es un hombre cuyo oficio son las letras del alfabeto“. No creo que nadie haya respondido con frase tan exacta y matizada, y repasando “El cuestionario Proust” (Plaza Janés) que publicó Lluís Permanyer reuniendo sus entrevistas sobre el tema es difícil encontrar algo parecido. Georges Perec quiso conscientemente jugar con las letras, escribir, por ejemplo, un texto sin la letra E, o un texto enteramente reversible, o hacer el inventario de los alimentos líquidos y sólidos tomados en un año preciso, o describir lo que sucede en la esquina de una calle durante muchas horas, y eso entre otras muchas experiencias y variantes. Perec, pues, jugaba con las letras del alfabeto, hacía malabarismos con las letras pero también con las situaciones, como ocurre con esas encadenadas escenas sin puntuación que él plantea contando el momento en que uno decide pedir a su jefe – el señor X - un aumento de sueldo y que culmina así en el libro que estos días publica Ediciones Uña Rota:

“…no cometer el ingenuo error de creer – escribe Perec en las últimas páginas de ese libro - que vuestro jefe de servicio va a responderos sí o no ni estar seguro de que usted obtendrá el aumento que desea quiero decir que no lo obtendrá hic et nunc y porque sí de un golpe y que usted no saldrá del despacho del señor X más rico por 9 francos al mes porque usted tiene que comprender que en una empresa como la suya una de las más grandes empresas francesas un aumento de salario plantea problemas muy complejos no solamente sobre el plan contable sino por todo lo que afecta a la política económica y social a corto término a medio término y a largo término de la susodicha empresa siendo evidente que el señor X no tiene el poder de otorgaros porque sí un aumento sino que debe hacer un informe favorable al director de personal el cual tras la consulta con organismos podrá eventualmente en el cuadro de una reevalución global de la masa salarial por otro lado prevista por el Vº plan proponer vuestro nombre en el curso de una más o menos próxima reunión del Consejo de Administración y en suma el señor X sin poder daros satisfacción en el momento puede o bien daros a entender que vuestra petición no solamente no le sorprende sino que él se pregunta por qué ha tardado usted tanto en iniciarla ya que él es absolutamente favorable a ella y él mismo le autoriza a acariciar la esperanza de una promoción futura e incluso próxima o bien le confirma a usted claramente que él encuentra que sus pretensiones son injustificables cínicas groseras y mezquinas y que él no considera capaz que un empleado que se dice modelo pueda cometer tal infamia en resumen o bien él le da a usted esperanzas o bien no se las da (…) porque la próxima vez que esté usted sentado cara a cara ante el señor X y que él le escuche con una atención simpática y casi emocionada y no le deje entreveer la esperanza de un próximo aumento usted no sabrá si esto ocurrirá en los días siguientes porque ya hemos explicado que tratándose de un problema complejo hay que esperar seis meses y luego cuando al término de los seis meses sus esperanzas hayan sido absolutamente decepcionantes volver a ver al señor X y si él está allí y levanta la cabeza cuando usted llame y si él le hace pasar enseguida y le ofrece una silla y consiente de nuevo en escucharle usted debe esforzarse de nuevo en convencerlo“.
La sonrisa en los pasillos de una empresa, la sonrisa en los pasillos de la vida.
La sonrisa en un blog.
(Imágenes:- 1.- Feng Zhengjie.-Art China Gallery. -Hamburgo -artnet/ 2.- Schnelle -Maison Européen de la photographie)
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Noviembre 23, 2009 de jjulio
“Suele decirse que las ciudades crecen hacia el poniente. Madrid no en lo que toca a la ciudad material pues, para mí al menos, la espiritual sí crece hacia el poniente.
Desde la baranda de piedra de la Plaza de la Armería veo, por las tardes, proyectarse una fantástica ciudad sobre el ocaso. Está inflamada, llena, alta y por sus inmensas avenidas veo sombras familiares que han sido y que serán. Este Madrid posible del poniente será el de mis respetos y mis ponderaciones, el Madrid en que podrá elevarse la única cúpula de la idea pura dorada por el sol que se despide para volver.

Frente al cielo carminoso que el arco corta y eterniza en la visión como un gran cuadro clásico, mi amigo invisible y yo miramos la lejana sierra azul y el verdor cobrizo de la Casa de Campo, y el Pardo por donde silba, yéndose, el tren.

- El Madrid posible – digo a mi amigo señalando un mar crepuscular de bellezas acumuladas.
Luego, lentos, ya melancólicos, volvemos al Madrid imposible”.
Juan Ramón Jiménez: “Madrid posible e imposible“.-(“Actualidad y futuro“).-(“Selección de prosa lírica“) (Austral)
(Imágenes.- Plaza de Oriente.-22 de noviembre 2009.-fotos JJP)
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Noviembre 21, 2009 de jjulio

“¡Abajo el arte, viva la técnica!
¡Abajo el mantenimiento de las tradiciones artísticas! ¡Viva el técnico contructivista!
¡Abajo el arte, que sólo enmascara la impotencia de la humanidad!
¡El arte colectivo del presente es la vida constructiva!”
Éstas eran algunas de las consignas de los constructivistas, firmadas por Alexander Ródchenko y Bárbara Stepanova en 1920. Ahora, en la exposición de Madrid, “Definiendo el constructivismo“ en el Reina Sofía, hasta el 11 de enero, las obras de Ródchenko y de Liubov Popova entre otros muchos artistas de aquel movimiento nos ofrecen muestras de aquella vanguardia. Ródchenko diseñó kioskos de propaganda en los que se mostraban consignas como “¡El futuro es nuestra única meta!” y que tenían la apariencia de figuras construidas con un reloj por cabeza y, en ocasiones incluso piernas y pies estilizados : empleó sus ideas geométricas, colectivas, comunales y utópicas para impulsar la nueva estructura social.

Pero Rodchenko no fue sólo pintor. En 1921, tras abrazar la consigna “¡Muerte al arte!”, abandonó los lienzos para realizar trabajos de colaboración en el teatro, el cine, el diseño gráfico, la creación de ropa y mobiliaro, la fotografía y las exposiciones. Como se pregunta sucesivamente John Miller en su interesante estudio, “Materialización de la utopía en el arte de la vanguardia rusa“, ( “Ideas y conceptos del Arte Moderno“) (Fundación Mapfre), Rodchenko,” ataviado con el uniforme de trabajo diseñado por él mismo, ¿parece uno de los obreros de la fábrica? ¿Predomina la identidad del individuo o la del colectivo? ¿Identidad individual o anonimato? La indumentaria es un punto crítico en el que los fines utópicos podrían haberse materializado casi por completo“.
Recuerda también Miller que Rodchenko hacía fotografías en donde el individuo se transforma en un átomo del grupo, a veces como una prueba clara de lealtad política, un símbolo viviente de comunión ideológica. Resulta difícil reconocer al individuo porque el punto de vista de Rodchenko convierte a sus imágenes en algo extraño y las hace monumentales, contemplados desde abajo con el cielo de fondo, tal como percibimos los monumentos en la calle. “Alzamos la vista – termina Miller – para ver a estos jóvenes pioneros y admirar su ejemplo y su compomiso con la causa pionera, con el grupo y con su ideología“.
Rodchenko y el constructivismo, el sueño de una utopía que dio paso a un anonimato y un orden implacables. Miller comenta también el cuadro de Rodchenko “Dos figuras” (1920) que quería ser un reflejo, a su modo, de la obra “Adán y Eva” de Durero (1514). Pero Rodchenko, con sus imágenes que pretendían ser modelos de un hombre y una mujer anónimos y geométricos, mostraban, de hecho, el Adán y la Eva de una sociedad comunista y atea.

(Imágenes:- 1.- Rodchenko.-”Construcción espacio colgante ” nº 11.-Cuadrado dentro de un cuadrado.-1921.-Colección particular.-/ 2.- Rodchenko.-”Pionero trompetista”.-EFE.-elmundo.es/ 3.-Rodchenko.-”Construcción lineal” -1921.- Museo contemporáneo de Tesalónica.-Colección Georges Costakis.-elmundo.es)
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Noviembre 19, 2009 de jjulio
“Sobre toda la tierra la tormenta
hasta el confín postrero.
Una vela quemábase en la mesa,
se quemaba una vela.
Como en verano, enjambres de mosquitos
sobre la llama vuelan,
tal los copos de nieve en el cuadrado
cristal de la ventana.
La tormenta imprimía sobre el vidrio
círculos y saetas.
Una vela quemábase en la mesa.
se quemaba una vela.
Sobre el techo, que estaba iluminado,
se acostaban las sombras.
Cruzados brazos y cruzadas piernas
y cruzados destinos.

Caía dando un golpe sobre el suelo
un par de zapatillas
y lágrimas de cera de la vela
caían sobre el traje.
Y todo se perdía en una niebla
de nieve cana y blanca.
Una vela quemábase en la mesa,
se quemaba una vela.
Desde un rincón, sobre la vela, un soplo,
y al momento una fiebre
de tentación alzaba en cruz las alas
como si fuera un ángel.

La tormenta duró todo febrero
y, continuadamente,
una vela quemábase en la mesa,
se quemaba una vela”
Boris Pasternak: “Noche de invierno” (Poesías de Yuri Jivago) “El Doctor Jivago“
(Imágenes:- 1-”Máslenitsa”.-1919.-Boris Kustódiev.-01 varvara. wordpress/ 2.-”Epiphany” 1921.-Boris Kustódiev.-varvara. wordpress.com/ 3.-”Serenata de carnaval”.-1916.-Boris Kustódiev)
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Noviembre 17, 2009 de jjulio

“Después de bastante búsqueda – escribe el francés Teófilo Gautier – por fin encontré una mesa redonda en la calle del Caballero de Gracia, donde uno podía tomar una comida muy agradable por el razonable precio de 20 reales por día. El dueño era un francés grueso, con un vivo y alegre semblante y cuya buena disposición mantuvo favorablemente el humor en la casa”. Estamos en 1840, como dice la placa de este portal numero 21, a espaldas de la Gran Vía. El tiempo de Madrid ha saltado de pronto desde el XlX al XXl y leo que “en torno a este lugar” se hospedó Gautier, en la llamada Fonda de la Amistad. Calle de muchas y buenas fondas, como cuenta Mesonero Romanos en su “Manual de Madrid“. Sobre todo, “la Gran Cruz de Malta“, a la que cita. Y Répide, en sus “Calles de Madrid“, alude a ésta de la Cruz de Malta, ”de lujo” – dice- y a otra más modesta, la “Hostería del Caballo Blanco“. Cerca de aquí estaba -recuerda Répide – el primer circo que hubo en Madrid, el Circo Olímpico, de M. Avrillon, que se trasladó desde el barracón que aquí ocupaba a un local junto a la Casa de las Siete Chimeneas. Pero quien describe algo del interior de esa “Fonda de la Amistad” es Philip Henry Stanhope- tal como recoge Peter Besas en su “Historia de las Fondas madrileñas” (La Librería) : ” tenemos la suerte – dice el forastero - de estar donde estamos, de contar con una planta grande y aireada donde además de disfrutar de un amplio cuarto de estar sin chimenea, hay también un cómodo salón con una buena chimenea francesa”.

Al parecer, Teófilo Gautier se hospedó aquí desde el 22 de mayo al 26 de junio de 1840, y pocos meses después – del 3 de octubre al 11 de febrero de 1841 -estaría de huesped el citado Stanhope. Cinco años antes Gautier había conocido a Balzac y Gautier contaría luego en un interesante estudio la gran amistad que a los dos les unió. “No puedo ni leer ni escribir” le envió Balzac a Gautier una sola línea en 1850, pocos días antes de su muerte.
Hago la fotografía de este portal y me llevo conmigo los recuerdos.
(Imágenes: 1.-Lugar donde, al parecer, estaba situada “La Fonda de la Amistad”.-foto JJP/.-Teófilo Gautier.-librarything.es)
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Noviembre 16, 2009 de jjulio

“Donde quiera que estemos, lo que oímos es fundamentalmente ruido. Cuando lo ignoramos, nos perturba. Cuando lo escuchamos, nos resulta fascinante“, dice John Cage en su libro “Silencio” y ello lo recoge Calvo Serraller al comentar el volumen de Alex Ross titulado “El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música” (Seix Barral). Pienso en el ruido de las grandes ciudades y en cómo se perseguían y grababan aquellos ruidos precisos de Lisboa en la película de Wim Wenders de la que ya hablé en Mi Siglo. Pienso en los extraños ruidos interiores que acosaban al oído de Jonathan Swift, atormentado por el síndrome de Menière, provocándole sordera y terribles mareos y perdiendo su capacidad para oir. Pienso en la retirada poco a poco hacia el silencio del gran compositor checo Bedrich Smetana, cada vez más sordo, obligado a dejar el Teatro Nacional para encerrrarse en Jabkonia, en un mundo de sueños. Pienso en célebres oídos enfermos: en el de Beethoven, en el de Goya, en el de Gabriel Fauré, y también en ese ruido de las urbes que provoca tantas incomodidades, tanta irritación a las gentes. Pienso igualmente en el silencio amarillo de los desiertos, en la soledad de arena que llega hasta las noches del oído y también en ese mutismo de los pasillos, lengua callada bajo las capuchas, en la Cartuja de la Grande Chartreuse, en los Alpes franceses, donde la película de 164 minutos, “El gran silencio“, nos impone el mutismo total, el oído intentando escuchar de qué nos habla lo interior, cuál es el lenguaje del alma.

(Imágenes:-1.-Janet Cardiff y George Bures Miles.-1995.- Gallery Barbara Weiss -artnet/ 2.-imagen de la película “El gran silencio“.-convicciontv.cl)
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Noviembre 14, 2009 de jjulio
“Cuando estuve en Berlín hace cuatro años – decía el escritor polaco Witold Gombrowicz en su última entrevista grabada para la emisión“La Bibliothéque de Poche” en 1969 – me invitaron a una escuela para escritores; y me pidieron que pronunciase un discurso. Dije:”Lo primero que tenéis que hacer, si es que queréis ser escritores, es salir de aquí por las puertas o por las ventanas, da igual, pero huid en seguida, porque no se puede aprender a ser escritor y no se os puede dar ningún consejo, como tampoco se pueda dar instrucción a un escritor… El escritor no existe, todo el mundo es escritor, todo el mundo sabe escribir. Si se escribe una carta a la novia, se hace literatura; incluso diré más: cuando se habla o se cuenta una anécdota, se hace literatura, siempre es lo mismo. Por lo tanto, pensar que la literatura es una especialidad, una profesión, es una inexactitud. Todos somos escritores. Hay personas que no han escrito en toda su vida y, de golpe, hacen su obra maestra. Los otros son profesionales, que escriben cuatro libros al año y publican cosas horribles. Un poeta polaco decía: “A veces me sucede que soy poeta”. Creo que la frase es acertada y que debiera decir: “A veces me sucede que soy artista”. Pero no entiendo qué quiere decir artista o escritor de profesión. El hombre se expresa y lo hace por todos los medios, baila o canta, o pinta o hace literatura. Lo que importa es ser alguien, para expresar lo que uno es, ¿no creen? Pero la profesión de escritor, no, no existe…Hoy las cosas se han complicado falsamente, es un intelectualismo para mí de poca calidad, que busca las cosas, las paradojas, las novedades y todo lo que se quiera, pero que olvida las cosas esenciales. Creo que la literatura debiera volver a su forma de vida de hace, tal vez, cuarenta o cincuenta años, porque todo lo que se ha hecho desde entonces es muy sospechoso y ha dado muy malos resultados”. (“Autobiografía sucinta, textos y entrevistas”) ( Cuadernos Anagrama).

Estas palabras quizá sorprendentes, quizá sensatas y sabias, equilibran los platillos de la balanza sobre la asignatura del “aprender a escribir”. Como he recordado en un artículo reciente, esta asignatura se imparte hoy en muy diversos lugares.” En la Universidad de Columbia, por ejemplo – decía allí -, hay todo un curso para creadores que abarca desde Homero y Sófocles hasta Virginia Woolf y cualquier lectura reposada de un aspirante a escritor le mostrará hasta dónde llegó la sensibilidad y qué formas exteriores se aplicaron para narrar la esencia de la vida”. Tabucchi, entre muchos otros, ha confesado que “escribir no es una profesión, pero es seguramente un oficio, en su acepción más artesanal del término. Hay escritores que mitifican el talento, la inspiración y, seguramente, todo esto, junto al deseo y la imaginación, son cosas muy importantes. Pero la verdad también es que es necesario estar sentado mucho tiempo, es necesario escribir, trabajar, hacerlo como el relojero que instala la pieza minúscula en el mecanismo del reloj que fabrica. Y cuando jóvenes escritores me piden consejo, me niego a dárselo. O más bien, les doy uno solo: si hay algún artesano en vuestro barrio, pasad por la tarde antes de que cierre y miradle cómo trabaja…”

En las clases de creación que he impartido durante años siempre me gustó hablar desde el principio de libertad creadora. Y leía estas palabras escritas por Goya y colocadas en el monumento que le dedicara Vaquero Turcios, situado en el Parque del Oeste de Madrid, cerca del río.
“En la enseñanza de la pintura/
hay que dejar en plena libertad
correr el genio del alumno/
sin oprimirlo/
ni torcer su inclinación/
a éste o aquel estilo/
No hay regla en la pintura: /
lo mismo que la poesía/
Escoge en el universo/
aquello que encuentra/
más apropiado a sus fines“.
Creo que ésta es la primera lección.
(Imágenes:- 2.- 295 Diary: Aug 12 th.-1984.-Tetsuya Noda.-Andrew Bae Gallery.-Chicago.-artnet/ 3.-” Ritratto d´uomo in atto di scrivere” .-Giovanni Carnovali.-1840.-Galleria Nazionale d´arte moderna)
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Noviembre 10, 2009 de jjulio
Cuando uno contempla a la emperatriz Alexandra Fyódorovna embebida ante su hija Tatyana en esta fotografía de 1890 uno comienza a recorrer, como tantas otras veces, el itinerario a lo maravilloso. Ahora que se conmemora la caída de Muros y el desmantelamiento de dictaduras opresivas, uno atraviesa el tiempo y, felizmente, ya no entra en la URSS sino que penetra en Rusia. En Rusia y en su literatura contada por Angelo Maria Ripellino, lo que él llama su “Itinerario a lo maravilloso” (Barral Editores). La Rusia de Pushkin, de Lérmontov, de Chejov, de Blok, de Pasternak. La Rusia de los grandes: de Dostoievski y de Tolstoi.

Las palabras de Ripellino, profesor de Lengua y Literatura rusa en la Universidad de Roma, defendieron siempre a la Gran Literatura, aquella que el silencio de los muros intentaba apartar y olvidar. “Desconfiado para con las imposiciones ideológicas que acaban por sofocar la fragilidad de la poesía, siempre inerme y extraña ante las torturas del método - decía al inicio de sus grandes ensayos -, me afanaba por volver a hallar, entre la oscuridad de las falsificaciones, el fermento inventivo, las angustias, las dudas incurables, la fértil ambigüedad: en conclusión, los impulsos y sabores de las letras eslavas, con una obstinada – y desesperada – fe en la literatura”.

“Haciendo perder el tiempo a la gente – seguía denunciando – con reuniones, debates y boletines, los expertos del sociorrealismo y los acólitos de las sociedades y agencias de intercambio cultural propugnaban entonces el axioma de que las letras eslavas eran, desde siglos, emporios de textos didácticos, empapados de saludable progresismo, calcos y reconstrucciones de la realidad. Se tributaba homenaje a cualquier “sacrílego panzudo”, para usar una locución de Alexandr Blok; se aceptaba el silencio y cualquier distorsión sobre los grandes valores destrozados o apagados; y hasta Dostoievski (por no hablar de Pasternak) estaba en el índice; y se detestaban los trucos y la imaginativa; y se juzgaban los textos según su dosis de optimismo”.

“Pero es la misma literatura rusa, con sus cumbres tempestuosas - seguía Ripellino -, con su continuo apostar sobre las últimas cosas del hombre, con su propensión a mudar el amor en fuego y tormenta, sus despiadadas aritméticas, su repudio de las pequeñas arcadias y su afecto por toda criatura maltratada y temerosa, la que impide que se pierda, al estudiarla, en fríos análisis y ejercicios de bravura sin alma. ¿Cómo puede un crítico no compartir la aversión implacable de las letras rusas por las medias tintas, la trivialidad, el filisteismo?”.
Hasta aquí las palabras del profesor italiano.
Horadan el Muro del Silencio de la Cultura e, inclinados por el hueco que en él nos abre, podemos ver al fondo cuán largo es el itinerario a lo maravilloso.
(Imágenes:-Alexandra Fyódorovna con su hija Taytana .-foto de 1890.-Taller de Fabergé.- San Petersburgo–Museo de Hermitage/ 2.- la Coronación de Nicolás ll y Alexandra Fyódorovna el 14 de mayo de 1896 en la catedral de la Asunción en el Kremlin de Moscú.-Laurits Tuxen.-1895.-Museo Hermitage/ 3.- Icono de San Nicolás el Milagroso y la zarina Alexandra.-A. I. Tspekov.-1898.-Museo Hermitage/ 4.-Icono de Nuestra Señora de Bogolyubsk con los Santos Alexander Nevsky y María Magdalena.-Fábrica Iván.-1882.-Khlebnikov.-Moscú.-Museo Hermitage)
Escrito en 1 | Etiquetado "Sobre literatura rusa Itinerario a lo maravilloso", A I Tspekov, Alexandr Blok, Angelo María Ripellino, Chejov, Dostoievski, empratriz Alexandra Fyodorovna, Laurits Tuxen, Lérmontov, literatura italiana, literatura rusa, Museo Hermitage, Pasternak, Pushkin, Tolstoi | 1 comentario
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