“He visto a Shakespeare puesto en escena en una gran escalera, con fondos de prismas cubistas, entre unos raquíticos y retorcidos arbolitos, tan amados por los escenógrafos polacos, y en un bosque “que se sale del marco” con hojas murmurando al viento, y en los llamados decorados fantásticos con escamas de pez, vuelos de gasas y corazas prestadas de la ópera”: así va desgranando poco a poco sus impresiones Jan Kotten suexcelente libro “Apuntes sobre Shakespeare” (SeixBarral). “Si Shakespeare construye la acción a base de densidad- continúa-, eso significa que exige al actor una actuación adecuada. El texto es intenso, metafórico. Shakespeare opera siempre con primeros planos, como en el cine. Un monólogo pronunciado directamente a la cámara, en el proscenio, al espectador. Un gran monólogo es como un primer plano. En esos momentos, un actor teatral de vieja escuela está totalmente desamparado. En vano trata de dar acentos de verosimilitud al monólogo, sigue sintiendo alrededor suyo toda la escena. Pero no hay nadie más frente al espectador. Este es el primer plano shakesperiano. Y el de la película”.
En torno a Cesar debe morir – al complot y a su asesinato – se han distribuido arriba y abajo, por las escaleras de la literatura y por los espacios cinematográficos, muy diversos autores. Agazapados unos para seguir la espiral de las rencillas, dispuestos otros a iluminar rincones de sospecha. Desde las espadas cruzadas en la gran novela epistolar de Thorton Wilder“Los idus de marzo” hasta los grandes silencios y largos parlamentos en el film de Mankiewicz.
“¡Todos conocéis este manto! -exclamaAntonio elevando su figuraen lo alto del Acto Tercero-Recuerdo cuando César lo estrenó. Era una tarde de estío, en su tienda, el día en que venció a los nervios. ¡Mirad: por aquí penetró el puñal de Casio! ¡Ved qué brecha abrió el envidioso Casca! ¡Por esta otra le hirió su muy amado Bruto! ¡Y al retirar su maldecido acero, observad cómo la sangre de César parece haberse lanzado en pos de él, como para asegurarse de si era o no Bruto el que tan inhumanamente abría la puerta! ¡ Porque Bruto, como sabéis, era el ángel de César! ¡Juzgad, oh dioses, con qué ternura le amaba César! ¡Ese fue el golpe más cruel de todos, pues cuando el noble César vio que él también le hería, la ingratitud más potente que los brazos de los traidores, le anonadó completamente! ¡Entonces estalló su poderoso corazón, y, cubriéndose el rostro con el manto, el gran César cayó a los pies de la estatua de Pompeyo que se inundó chorreando sangre!…¡ Oh, qué caída, compatriotas! ¡ En aquel momento, yo y vosotros, y todos, caímos, y la traición sangrienta triunfó sobre nosotros! ¡Oh, ahora lloráis, y percibo sentir en vosotros la impresión de la piedad! ¡Esas lágrimas son generosas! ¡ Almas compasivas! ¿Por qué lloráis, cuando aún no habéis visto más que la desgarrada vestidura de César? ¡Mirad aquí ¡Aquí está él mismo, desfigurado como veis, por los traidores!“.
Harold Bloom le ha dedicado a Shakespeare largas páginas en grandes libros.W. H. Auden concentró sus esfuerzos en analizar las reacciones de las muchedumbres y del público ante la muerte de César.Ahora los hermanos Tavianien el cine entregan una nueva adaptación de “Julio César“, y volvemos a ver los rictus agrietados y los ojos inyectados en sangre de tantos conjurados mientras levantan el puñal de su brazo y lo hunden en la túnica bajo la cual siempre respira un cuerpo. Un cuerpo vivo. Julio César está vivo porque Shakespeare sigue vivo. ”Un clásico sólo puede aparecer cuando una civilización ha llegado a su madurez“, recordaba Eliot. Asistimos a la constante velocidad de los puñales porque “es clásico lo que persiste como ruido de fondo – decia Italo Calvino – inclusoallí donde la actualidad más incompatible se impone; porque un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir“.
(Imágenes:- 1.-Marlon Brando en “Julio César”.-canaltc. com/ 2.-escena de “Julio César” de Mankiewicz)
(Imágenes: 1.-Brancusi.-pájaro en el espacio.-1928.-bronce.-MOMA.-Nueva York/ 2.-Brancusi y Man Ray en el jardín de Edward Steichen en 1927.-fotograma de una película de 35 mm. de Man Ray)
“Llegué a París como empujado por el destino. Afluían a mi boca palabras llegadas del corazón, y casi me ahogaba. Tartamudeaba. Las palabras pugnaban por salir al exterior, ansiosas de iluminarse con la luz de París, de engalanarse con ella. Llegué con los pensamientos y los sueños que no pueden tenerse más que a los veinte años, pero quizá esos sueños se han parado en mí para mucho más tiempo”.
Así evocaba Chagall su vida y la rememoraba en 1943 en una conferencia que hacía revivir su pasado.”Normalmente, podría decirse – continuaba – que nadie va a París con el equipaje ya hecho. Se va allí deslastrado, para estudiar, y se regresa con el equipaje algunas veces. Ciertamente, yo podía expresarme en mi ciudad lejana y en el círculo de mis amigos, pero aspiraba a ver por mis propios ojos aquello de que había oído hablar tan lejanamente: esta revolución de lo visual, esta rotación de colores, que espontáneamente se funden uno con otro en un chorro de líneas pensadas, cual quería Cézanne, o en dominio libre, com lo ha mostrado Matisse. Esto es lo que no se veia en mi pueblo. El sol del arte no brillaba entonces sino en París, y me parecía y me sigue pareciendo que no hay mayor revolución de lo visual que la que encontré en 1910 al llegar a París”.
“Los paisajes y las figuras deCézanne, Manet, Monet, Seurat, Renoir, Van Gogh, el fauvismo deMatisse y de tantos otros me dejaron estupefacto. Me trajeron como un fenómeno de la naturaleza. Lejos de mi país natal, sus cercados se perfilaban en mi imaginación sobre el fondo de sus casas. Yo no veía allí ninguno de los colores de Renoir, sino dos o tres manchas sombrías. Y al lado de ellas se hubiera podido vivir una vida sin la esperanza de encontrar este lenguaje artístico libertado que debe respirar por sí mismo, como respira un hombre”.
“No frecuenté en París ni academias, ni profesores. Los encontraba en la propia ciudad a cada paso, por doquier”.
“Eran los tenderos del mercado, los mozos de café, los porteros, los campesinos, los obreros”.
“En torno a ellos planeaba esta sorprendente “luz-libertad” que no he visto en ninguna otra parte”.
“Y esta luz pasaba fácilmente por las telas de los grandes maestros franceses y renacía en el arte”.
“Yo no podía por menos de pensar que esta “luz-libertad” sola más luminosa que todas las fuentes de luz artificial puede hacer nacer semejantes cuadros relucientes en los que las revoluciones de la técnica son tan naturales como la lengua, el gesto y el trabajo de los que pasan por la calle”.
Luminoso Chagall. Maritain dijo de él en “Fronteras de la poesía” que ” cada composición suya – verdadera descarga de poesía,misterio en la más sana claridad – tiene a la vez un realismo y un espiritualismo intenso. Le ocurre con sus juguetes, que los abre para ver qué tienen dentro. Y eso porque los ama. Sabe que en el cerebro de la vaca está sentada la granjerita, sabe que el mundo naufraga alrededor de los amantes, bucólico y desastroso. Se ha ganado la amistad de la creación, y pasea sus parejas por el cielo con el asentimiento de las aldeas. Uno se pregunta qué ciencia, segurísima y casi dolorosa de perspicacia, le permite ser tan fiel a la vida en tan completa libertad. No cabe engaño sobre el amor de las cosas, de los animales, de la realidad total, – amor demasiado nostálgico para ser panteista -, que anima y alimenta semejante ciencia”.
(Imágenes.- 1.-Chagall: “El violinista”.-1912-1913/ 2.-Marc Chagall.-1934.-por Horacio Coppola/ 3.-Chagall: París a través de la ventana.-1913.-Mueso Solomon R Gugenheim/ 4.-Chagall: sobrevolando Vitebsk/ 5.-Chagall en su estudio/6.-La Virgen de la Aldea.-1938-1942/ 7.-Marc Chagall yBella.- París 1933.- foto André Kertész/ 8.- “Soledad”.-1933.-Museo de Arte de Tel Aviv.-regalo del artista.-1953/ 9.-Marc Chagall en 1965.-foto Yousuf Karsh)
“Londres – escribeDickensen “Casa desolada” -: Hace poco que ha terminado la temporada de San Miguel, y el Lord Canciller en su sala de Lincoln `s Inn. Un tiempo implacable de noviembre. Tanto barro en las calles como si las aguas acabaran de retirarse de la faz de la Tierra y no fuera nada extraño encontrarse con un megalousaurio de unos 40 pies chapaleando como un lagarto gigantesco Colina de Holborn arriba”,
“Humo que baja de los sombreretes de las chimeneas – prosigueDickens – creando una llovizna negra y blanda de copos de hollín del tamaño de verdaderos copos de nieve, que cabría imaginar de luto por la muerte del sol. Perros invisibles en el fango. Caballos, poco menos que enfangados hasta las anteojeras.
Peatones que entrechocan sus paraguas, en una infección general de mal humor, que se resbalan en las esquinas, donde decenas de miles de otros peatones llevan resbalándose y cayéndose desde que amaneció ( si cupiera decir que ha amanecido) y añaden nuevos sedimentos a las costras superpuestas de barro, que en esos puntos se pega tenazmente al pavimento y se acumula a interés compuesto”.
Son los tiempos metereológicos envolviendo y afectando a los hombres, que Dickens eleva metafóricamente y queDavid Lodgeha analizado de modo certero en “El arte de la ficción“. “Jamás podrá haber una niebla demasiado densa, jamás podrá haber un barro y un cieno tan espesos – había escritoDickens -como para concordar con la condición titubeante y dubitativa que ostenta hoy día este Alto Tribunal de Cancillería, el más pestilente de los pecadores empelucados que jamás hayan visto el Cielo y la Tierra”. Es elómnibus londinense de Schillibeer, carro tirado por tres caballos, capaz de transportar a dieciocho personas, que ha empezado a funcionar en 1829. Son las tres líneas de tranvía tirado por caballos que arrancarán su carrera en 1869. Son las 369 cloacas y corrientes residuales que desaguan en el río Támesis. Es el pestilente olor del río en el largo y tórrido verano de 1858 en el que el cólera vuelve a brotar. Son los 35.000 bañistas y 49.000 persona que se sirven de las lavanderías y baños públicos. Es elLondrespintoresco e insalubre.
Es este Londres de nieblas, suciedad y podredumbre, azotado por “el tiempo implacable de noviembre“, el que discurrirá por las calles de Dickens, por los párrafos de sus casas y las ventanas de sus frases, hasta que la vida inglesa del siglo XlX pase ante los ojos de los lectores de modo tan vivo que las páginas de The Times, en 1870 – cuando muera el escritor -, afirmarán: “Políticos, hombres de ciencia, filántropos, reconocidos bienhechores de su raza desaparecerán, y, sin embargo, no dejarán el vacío que ha causado la muerte de Dickens“.
(Imágenes:- 1.-Londres 1905.-Edward Steichen/2.-Londres 1905-1907.-T F Simon/ 3.-Londres en el siglo XlX.-micafeina.com/4-Luz de luna en Cornhill.-1885.-Atkinson Grimshaw/ 5.- .-Dickens.-por Frith.-1859)
“La violencia dentro de la arquitectura – me decía el arquitecto españolAntonio Fernández Alba – va desde el espacio de la pequeña célula habitable de la vivienda, al contexto general de la ciudad: el transporte en la ciudad genera una violencia a diario. (…) Es un hecho significativo que las grandes metrópolis provocan unos altos índices de agresividad, producto fundamentalmente de la falta de acondicionamiento que el espacio urbano posee. Si hacemos un análisis de la necesidad que el hombre tiene del espacio público – para la convivencia, para la intercomunicación, para el cambio, para el diálogo -, podemos ver que ese espacio público en la sociedad contemporánea en ningún momento se proyecta. Son todos espacios privados, y dentro de los espacios privados, productos privados para cada individuo: es como una tendencia a cortar las relaciones del hombre contemporáneo”.
Estábamos charlando en Madrid, en 1977, en el estudio del arquitecto, y al otro lado de la ventana la violencia de los ruidos se extendía como nube entre las fachadas, iba detrás de los peatones y esperaba muchas veces a cruzar junto a ellos entre el guiño de los semáforos y la trepidante agitación. “La ciudad – me seguía diciendoFernández Alba – es una factoría donde se producen productos, se transportan y se intercambian; no solamente es un mercado, sino también una factoría. La metrópoli expulsa al individuo del grupo social hacia los alrededores de la ciudad, y en esos alrededores se genera otro tipo de violencia, la ocupación de la naturaleza de una forma desarmónica y alterada; y en determinado momento se presenta la necesidad de volver de nuevo a la ciudad, porque la violencia extrema – como ocurria en la Alta Edad Media -, reproduce los mismos fenómenos de intranquilidad y desasosiego”.
“La edad – continuaba el arquitecto – es un hecho probado que incide de otro modo en la ocupación del espacio; sin embargo, la mercantilización del espacio a través de las relaciones que establece la sociedad de consumo, no ofrecen ninguna distinción entre el lugar del niño o del anciano. Los seres más indefensos en el grupo humano lo constituyen el niño y el anciano, y sin embargo ellos son los que menos reductos tienen en el espacio de la ciudad”.
“La arquitectura de la ciudad pienso que ha perdido sus tres coordenadas basicas: el concepto de la historia (porque no entiende que la historia es un tiempo social, un hecho humano, una realidad física); ha perdido el concepto de escala (en la ciudad, la casa contemporánea no tiene sentido de la escala: es pequeña o grande, desmesurada o arbitraria) ; y ha perdido el espacio de la medida, es decir, el uso del espacio”.
Fuera, al otro lado de la ventana, seguían cruzándose los ruidos y brillaban fulgurantes los semáforos.
“El mar es un niño, juega y no sabe bien lo que hace… – escribeDebussy a René Peter – tiene una larga y hermosa cabellera, y un alma…; va y viene y cambia sin cesar. El mar ha sido muy amable conmigo. Se me ha mostrado bajo todas sus formas. Por eso estoy aún completamente aturdido“. Así habla el creador de “Nocturnos“, “Imágenes” y “Juegos“. El mar verde, el mar azul, el mar extenso, la naturaleza entera ante los ojos: “los árboles – escribe – son buenos amigos míos, mejores que el mar, que se agita, salta sobre la tierra y muerde las rocas con cóleras de jovencita, curiosas en una persona de su importancia; en rigor, se comprendería mejor que sacudiese a los barcos como a gusanos molestos. Los árboles, menos caprichosos, se renuevan a pesar de los siglos; ¿no es ésta la más hermosa lección de filosofía? Podrían aplicársela los hombres, si fueran más pacientes y, sobre todo, si no fueran tan ávidos”.
Debussy ante el mar y ante la música valora enormemente el papel del silencio. En una carta a Chausson le dice: “Me he servido, y espontáneamente desde luego, de un medio que me parece bastante extraño; es decir, del silencio como agente de expresión y tal vez como único medio de hacer valer la emoción de una frase…“.
En el silencio de su despacho es el color verde el que parece que le evocara el mar. Compone preferentemente durante la noche. La alfombra de su cuarto de trabajo es verde claro, el tapizado de las paredes es verde botella, los muebles son verde azulado. Suele vestir una chaqueta verde. En su juventud prefería el azul. El azul de la juventud viene del mar y el mar de la madurez se funde con el verde hasta ir recorriendo en el piano reflejos en el agua.
“¿ Me preguntas si mi obra se halla en la corrientes vigentes y actuales? -decíaTàpiesen una entrevista en 1968 -. Pero ¿ de qué vigencias hablas? Porque me imagino que los criterios, pongamos por caso, de un funcionario oficial de Bellas Artes, deben ser muy distintos a los que pueda tener, por ejemplo, un crítico independiente. Yo poco sé de corrientes pictóricas y de vigencias. Siempre he sentido una gran alergia por los viajes en rebaño y por lo que se dice que está de moda en un momento dado. Nada más fugaz que las modas. Es un mundo más propio de campañas comerciales, de las tan a la moda “promociones de ventas”, que naturalmente necesitan proclamar a los cuatro vientos que sus productos son el último grito.
Pero esto es lo accesorio. Lo importante reside en otro punto: en este imprevisible saber qué pasará el día de mañana en mi taller o en el taller de los artistas más jóvenes, como es imprescindible en los manejos de un laboratorio conocer de antemano un descubrimiento científico. Confiamos en que algo pasará, pero no sabemos qué. Además, los cambios no son gratuitos – insisto en mi poca confianza en los cambios bruscos de la moda -, sino que están en función de las evoluciones ideológicas y de los acontecimientos que se suceden en el mundo en general…
(…) El antagonismo entre la pintura figurativa y la abstraccionista ha sido siempre para mí un falso problema. Yo no sé qué es el “minimal art” y estoy de acuerdo en lo del falso problema entre la pintura figurativa y la nebulosista: puede ser tan mala una marina relamida como un conglomerado de manchas funerarias. El problema está en la limitación del hombre. El lenguaje abstracto es limitado y encogido. Como el lírico o el místico. Intentar reflejar con ellos una manifestación estética o una sensación anímica o vtal, requiere forzosamente, si se pretende hacerlo sin adocenamiento, un punto de genialismo, de originalidad candente y poderosa en el artista o en el místico, en el poeta. Debe crear una obra grande con materiales breves. Si el lenguaje escogido, en cambio, responde a la realidad – un rostro crispado… -, toda la carga dramática, toda la plenitud física, todo el complejo material e inmaterial que conforma esta realidad y alienta en ella, son el cañamazo rico y grávido sobre el cual puede proyectarse la potestad creadora del pintor, y, de la conjunción, puede salir un cuerpo artístico de resonancias más vastas que la de un cuerpo estrictamente informal”.
“¿Tiene poder el escritor de periódicos? ¿Posee poder el articulista? ¿Influye de una forma eficaz en la sociedad el texto de un artículo o de una columna?
El profesor Josep MariaCasasús señala en su libro “Artículos que dejaron huella” (Ariel) que algunos de esos textos marcaron un sello y dejaron una estela de indudables repercusiones políticas y sociales. Desde el Vuelva usted mañana deLarra en 1833 hasta El catalán: unvaso de agua clara, de Pemán en 1970, otras dieciséis colaboraciones abarcan su personal selección: Examen de la cuestión del matrimoniode la reina doña Isabel II, deBalmes, en 1845; Pastor y víctima, de Mañé i Flaquer, en 1833; La catástrofe de anoche. España está de luto. Incendio del Museo de Pinturas, de Mariano de Cavia, en 1891; J’Accuse…!, de Zola, en 1898; Sin pulso, de Francisco Silvela, en 1898; Un mensaje a García, deElbert Hubbard, en 1899; La ciutat del perdó, de Joan Maragall, en 1909; Neutralidades que matan, del Conde Romanones, en 1914; El error Berenguer, de Ortega, en 1930; Múrcia, exportadora d’homes. Vint-i-vuit hores en transmiseria, de Carlos Sentís, en 1932; March, deAzorín, en 1933; Les Gangsters de la Mafia. Marseille, marché mondial et secret de l’opium, deBlaise Cendrars, en 1934; Verona y Argel, de Santiago Nadal, en 1944; Mano a mano. Miguel Maura, de Manuel del Arco, en 1966; El general sale a exterminar a CharlieCong, de NicholasTomalin, en 1966 y Retirarse a tiempo. No al general De Gaulle, de Rafael Calvo Serer, en 1968.
Es la selección que hace Casasús e indudablemente el tema podría ampliarse y enriquecerse con otros libros y textos.
Pero la pregunta que habría que hacerse es la siguiente: ¿es esto frecuente? Hay que admitir que no. Esta influencia del artículo sobre el poder es algo excepcional. Han de reunirse varios factores en una encrucijada político-social muy definida para que un artículo, caído desde el cielo de un autor que está observando con precisión una situación clave, bombardee con oportunismo exacto un campo ya preparado para recibir esa prosa.
El poder difícilmente es sacudido por un solo artículo. (Acaso haya alguna excepción, por su repercusión social, como puede ser el J’Accuse…! de Zola.) Quizá un editorial pueda mover en un determinado momento los cimientos del poder o de sus aledaños, pero un artículo o más bien una sucesión de artículos – o una sucesión de columnas – está más hermanado con una lluvia fina cuya influencia tal vez se perciba muy a la larga, cuando haya empapado las costumbres y actitudes de una sociedad.
En una de las mesas redondas que en 1992 y 1994 se celebraron en la Universidad de Oviedo bajo el título El columnismo literario como corrección del Poder en España, Millás dio su opinión respecto a esto: “El columnismo literario no corrige el poder (…) Tendríamos que decir, honestamente, que quizá…, a muy largo plazo…, pero muy poquito (…) Tampoco creo que esa sea su función, si alguna tiene (…) Yo creo que el periódico es una representación de la realidad, seguramente la más inmediata y la que mayor capacidad tiene para crear opinión y hábitos de respuesta a los estímulos del poder. En los periódicos aparece la realidad jerarquizada y parcelada, formando sus distintas piezas un todo. (…) En general, vivimos con la ilusión de que comprendemos el mundo, pero el mundo, en lo que concierne a su representación escrita, ha crecido mucho más que nuestra capacidad de elaboración. Estamos sometidos desde la mañana a la noche a un bombardeo informativo cuyos contenidos no podemos elaborar. (…) El caso es que llega un punto en que la materia informativa pierde toda su capacidad simbólica para explicarnos la realidad y entonces nos refugiamos en otros ámbitos donde lo que leemos colabora de forma más o menos imperfecta a construirnos una imagen del mundo (…). Recorremos las habitaciones del periódico, como las de nuestra casa, de acuerdo a unas preferencias seguramente inconscientes, pero que acaban imponiendo un orden que, en última instancia, quizá se trate de un orden moral. Y cuando la casa es muy grande o muy fría, seleccionamos de ella algunos espacios que acotamos para el calor y para la seguridad, pero también para la comprensión. (…)”
Ahí sin duda anida el valor del artículo – de la columna -, su refugio.
Delibes, entre muchos otros periodistas, se vio acuciado por ciertos lectores con el fin de que, a través de alguno de sus artículos, se pudieran modificar o mejorar realidades urgentes. “Recibo una amarga carta de una vecina de la comarca zamorana deLosArribes del Duero – cuenta en” Pegar la hebra” - rogándome que trate de evitar que ‘la zona más deprimida, demográfica, social y culturalmente de Europa sea convertida en basurero nuclear del continente’. El primer efecto que esta carta me ha producido ha sido de desconcierto; luego, de enternecimiento ante la confianza que esta señora me muestra. Ella apela a ‘mi amor por las zonas rurales’, que es en verdad muy vivo y profundo, pero desgraciadamente este sentimiento no me da un ápice de poder. (…) El poder del escritor, querida señora – sigue diciendo Delibes -, es muy frágil, no va más allá de su pluma y de la emisión de un voto en una urna cada cierto tiempo. Aunque otra cosa se diga, no tiene otro poder. Por eso, hoy, al dar respuesta pública a su petición, no se me ocurre otra cosa que solidarizarme con ustedes y repetir otra vez que lo que Castilla necesita son ideas e inversiones rentables, revitalizadoras, no asilos de ancianos, pabellones de reposo, escuelas sin alumnos, ni cementerios nucleares. Algo que sujete a los jóvenes a la tierra donde nacieron, en lugar de fantasmas y amenazas que faciliten su dispersión.”
El poder, pues, del escritor de periódicos en general y el del articulista – o columnista – en particular no tiene tanta eficacia como en ocasiones se le atribuye.
Bastante poder tiene con contar siempre la verdad.
Y añadirle a la verdad el ser contada con belleza”.
(J. J. Perlado: “El artículo literario y periodístico.-Paisajes y personajes”.-págs 103-107)
(Imágenes.-1.-manuscrito de “Yo acuso” de Zola.-1898/2.-Albert Camus/3.-página de “L´Aurore” con la carta de Zola.- wikipedia/4-Alain Pontecorvo/5.- Central Park.-Nueva York.- foto: Yale Joel.-1957)
(el enano Francisco Lezcano – según afirmaBrownen su “Velazquez” -estuvo empleado en la Corte entre 1634 y 1649, salvo una ausencia de tres años. “Lo que tiene en la mano – nos enseña Brown – es un mazo de cartas, símbolo tradicional de la ociosidad, que puede referirse a su condición de compañero de juegos de Baltasar Carlos o, de manera más general, a la misión de entretenimiento que cumplía en la Corte. El enano está sentado en una roca, con la pierna derecha osadamente extendida hacia el espectador. (…) Viste traje de color verde hoja seca y tiene por fondo una oscura escarpadura rocosa. En el centro de tan leñosos colores, el rostro es el núcleo de atención irresistible de toda la composición. La cabeza, echada ligeramente hacia atrás, se inclina hacia un lado en la medida justa para trastornar el equilibrio de la postura. La descompensación se afirma suavemente por medio de la mancha blanca de la camisa, por completo visible a un lado y casi invisible al otro. Aunque los rasgos están plasmados con la técnica de transparencias que caracteriza a los retratos informales, la nariz respingona y casi sin caballete, el gesto torcido de la sonrisa semiinconsciente y la expresión velada pero vacía de la mirada retratan con contundencia a una criatura cuya deformidad parece alcanzar tanto al alma como al cuerpo. (…) Velázquez se animó a plantear la ejecución por la vía de audaces atajos: por ejemplo, la sumaria descripción de las manos, en las que los dedos parecen surgir de las sombras por medio de dos breves e irregulares pinceladas de un pigmento rojo anaranjado”)
La poesía y la pintura – como tantas otras veces – se entrelazan ante un mismo motivo. Como también aquí se une la medicina, cuando en 1964 el doctor Moragas, al estudiar “los bufones de Velázquez,” diagnostica que Lezcano“sufre de un cretinismo con olifogrenia y las habituales características de ánimo chistoso y fidelidad perruna”. ” En la cara hay una expresión de satisfacción, favorecida por el entornamiento de los párpados y la boca entreabierta, que parece acompañarse del inicio de una sonrisa…” Murió Lezcano en 1649 y tenía este llamado “Niño de Vallecas”, según señala Moragas, un criado a su servicio, lo que era común entre los bufones reales.
(Imágenes:- 1.-detalle de “El Niño de Vallecas”/ 2.-Velázquez.-Francisco Lezcano, el “Niño de Vallecas”.- Museo del Prado.-wikipedia)
“El poeta está sentado a la mesa o tendido en un sofá, con la vista clavada en la pared o en el techo – contó en su discurso al recibir el Premio Nobel -, de vez en cuando escribe siete versos, uno de los cuales tacha al cabo de un cuarto de hora, y pasauna hora más en la que no ocurre nada…¿Qué espectador aguantaría semejante cosa?”.
“El manto es demasiado estrecho; es menester agregar un ancho más. En el momento del asesinato de Banquo, hacer la noche total. Pintar de un rojo más vivo los frutos que están en la mesa. Los velos de las brujas deben estar interiormente sostenidos con una armazón de alambre; no deben ir pegados a las cabezas; quizá deba ponérseles corona, resultaría una especie de adorno y recordarían las Sibilas. Macbeth no debe batirse con manto de armiño“. Estas recomendaciones hacía Goethe en una carta perfilando hasta el mínimo detalle la puesta en escena de Macbeth. Desde siempre los grandes escritores de todos los siglos han sido atraídos por la magia del teatro: por los ropajes, las luces, los parlamentos, la dicción de las frases. En el arco de 1791 a 1817, es decir, en lo que va de sus cuarenta y dos años a sus sesenta y ocho, Goethe dirige un teatro permanente ; ambiciona hacer de él un lugar de comunión, de exaltación, de amor, de consolación, de fe.
Léon Chancerel recuerda en su “Panorama del teatro” que Goethe logra llevar a cabo 4.136 representaciones: 77 tragedias, 372 comedias o dramas, 17 farsas, 31 óperas cómicas y 1.040 óperas. Su preocupación – casi obsesión – por los intérpretes le obliga a colocar en una ”tablilla” colgada de la puerta de los camerinos: “Me han hecho observar - escribe - que muchas veces desde el palco del duque se oye mal a algunos actores, y que en el curso de larepresentación, y muy particularmente en las escenas de pasión, muchas cosas se pierden. El primer deber del actor es el de hacerse oír desde todos los puntos de la sala. En el futuro, en caso de que un actor no hable de manera inteligible, se le llamará inmediatamente al orden : así me lo ha señalado el duque. He querido informar de ello a la Compañía a fin de que nadie se sienta sorprendido si incurre en falta”.
Le consumía al autor del Fausto un celo ejemplar, gastando en ese teatro sus propios fondos, reclutando y educando a los actores enviciados por falta de buena dirección, alternando y sustituyendo poco a poco las óperas y comedias de baja estofa por espléndidas representaciones de Schiller o de Shakespeare. El actor Genest en sus” Memorias” retrata las intervenciones de Goethe dirigiendo. “Un día yo ensayaba en una obra de Calderón el personaje de un capitán que venía a detener al emperador Aureliano. Salí con seguridad de entre bambalinas y, espada en mano, avancé con dignidad. Apenas había dado algunos pasos en el escenario cuando Goethe, desde la sala, me interpeló:
- “Mal; así no se detiene a un emperador. Recomenzad”.
Me hizo repetir cinco veces la entrada. Y a cada nueva tentativa, repetía: “Recomenzad”. Finalmente saltó él al escenario. Aún lo veo con su chaquetón azul, con el sombrero sobre su cabeza. Me quitó la espada de las manos y me dijo: “Quedaos ahí y miradme”. E interpretó la escena con tal ímpetu y autoridad que aquello me marcó para siempre”.
La magia del teatro hizo salir a Goethe – como a tantos otros – de la erudición y de los libros. Parlamentos, luces, decorados y ropajes le impulsaron a una nueva vida.
(Imágenes:- 1.-Gerard Gauci.-Teatro Yousupov.-St Petersburgo -2009.-Galerie de Bellefuille/2.-actor en su camerino.-Edouard Vuillard/ 3.-Macbeth viendo el espectro de Banquo.- Théodore Chassériau.-wikipedia)
“Si queremos contemplar algo más valioso que este mundo frío, inanimado, herencia de la pobre multitud sin amor y siempre inquieta. ¡Ah! Es preciso que de la propia alma irradie una luz, un esplendor, una brillante nube luminosa que envuelva a toda la tierra. Y de la propia alma nacida de ella es preciso que nos llegue una voz dulce y soberana, ¡vida y elemento de todos los sones armoniosos! ¡Oh, tú! ¡De corazón puro! ¡No tienes que preguntarme lo que puede ser esta fuerte música en el alma, ni lo que son, dónde existen esta claridad, esta gloria, esta bruma luminosa, ese poder en sí mismo tan bello y generador! ¡La Alegría, virtuosa Señora! La Alegría que jamás fue dada sino a los puros y en la hora más pura. Vida y emanación de la vida, a la vez nube y lluvia. ¡Señora! ¡La Alegría! La Alegría es la dulce voz; la Alegría es la nube luminosa: ¡nos alegramos en nosotros mismos! De allí provienen todos los encantos del oir y del ver; todas las melodías son los ecos de esa voz, todos los colores emanan de esa luz”.
Grandes fotografías que hacen época: Weegee y sus calles, crímenes y rostros. De Weegee, “el ojo público“, hablé ya en Mi Siglo. Walter Benjamin hacía notar que ”con toda justicia se ha dicho de Atget que fotografiaba calles desiertas de París como si fueran laescena de un crimen. La escena de un crimen siempre está desierta; se fotografía con el propósito de reunir pruebas. Con Atget, las fotografías se transforman en pruebas estándar de hechos históricos y adquieren una significación política oculta”.
En el caso de Weegee, las calles muchas veces no aparecen desiertas. En las calles, en torno al detective que indaga, a las gabardinas y al resplandor de los focos, los curiosos se arremolinan intentando abrirse paso como sea y hasta allí llegan las palabras que pronunciara E.M Wrong: “el amigo del detective tiene la doble función de lector muy del montón y de coro griego; comenta lo que le parece sobrelo que no entiende”. Entonces, mientras los amigos del detective comentan y preguntan, la cámara de Weegee se adelanta a todos ellos y en un instante dispara su foto: fija la expresión. Así se recuerda ahora en una nueva exposición en torno a lo que algunos han llamado “el fotógrafo de los asesinos“.
El fotógrafo, con su instantánea, es siempre más celérico que el novelista. Por aquellos años 4o americanos Raymond Chandler confesaba: “cuando escribo algo que es duro y rápido y lleno de acción y crimen, me atasco por ser duro y rápido y lleno de acción y crimen, y entonces, cuando trato de bajar un poco el nivel y desarrollar el lado mental y emocional de la situación, me atasco por apartarme de lo que me atascó antes”.
Mientras tanto, Weegee, aprovechando la indecisión del narrador e inclinándose, tomando bien el ángulo, ya ha disparado su fotografía.
(Imágenes:- 1.-Weegee.-1964/2.-Anthony Esposito, fichado bajo sospecha de matar a un policía de Nueva York.-16 de enero de 1941.-Weegee.-International Center of Photography.- foto de Weegee/ 3.-sospechosos a la puerta del juzgado de Guardia.-1941.-Weeger.-Institute Center of Photography.-foto Weegee)